Llevo algo más de año y medio siendo voluntaria del refugio Humane Society of Greater Miami. Durante ese tiempo, he sido partícipe de eventos dentro y fuera del refugio, he seguido personalmente varias adopciones fructíferas y otras tantas fallidas y hasta yo misma he adoptado un perro. Pero, sobre todo, durante este tiempo, me he encargado en el refugio de los perros más grandes. De los perros que pesan más de 60 kg y otros voluntarios no los sacan de paseo porque no pueden con ellos o les tienen miedo. He descubierto que, si me siento en el suelo de la habitación del perro con más cara de fiero y le rasco la tripa, las familias adoptantes que van pasando a través del cristal, en vez de acelerar el paso, se paran a mirar. Y, si me ven cómo estoy educando a un American Bulldog del tamaño de un oso polar y el perro ya sabe hacer "sit", es hasta probable que pidan conocerle.
En el refugio saben de mi "especialidad" y los coordinadores siempre me piden que me encargue de los más grandes. Han puesto carteles en algunas habitaciones donde pone "Cuidado, sólo voluntarios experimentados" y me han hecho saber que yo sí puedo entrar. Según entro por la puerta, me suelen comentar si hay algún perro grande nuevo que necesite urgentemente salir. A algunos hay que ponerles un arnés especial o sacarles por una determinada puerta. No hay problema. Yo me encargo.
Yo disfruto con esto.
Y hoy he disfrutado más todavía, porque -por primera vez- han confiado en mi para las "presentaciones". Los voluntarios no están autorizados a hacer esto. Se trata de presentar a dos perros para ver si son compatibles y pueden compartir habitación. Con los pequeños, esto es fácil. Pero, con los grandes, es arriesgado. Si se atacan, habrá que curarles las heridas que se hagan, y el refugio tendrá que correr con más gastos veterinarios. Por eso, se les presenta con cuidado. A la izquierda, el campeón de los pesos pesados Gran Danés cruzado con Pitbull. A la derecha, el formidable cruce de Labrador con genes de Bull Terrier. Cada uno con una correa, primero hay que dejar que se huelan. Si dan vueltas, tú das vueltas con ellos, porque no puedes perder el control de su correa y dejar que se enreden. Si se atacan, sucederá todo en un instante, hay que ser rápidos. Pero, afortunadamente, los perros dan muchas señales antes de morder: se ponen en tensión, se huelen mutuamente la cara, les cambia la expresión, levantan la cola y el cuello, se preparan. Sólo hay que ser observador para evitar un drama.
Hemos conseguido hacer varias parejas a través de esta técnica de "speed dating" canina y, recolocando a los perros, podemos dejar más habitaciones para otros perros que no toleran compañía.
Los perros, por naturaleza, son sociables con humanos y con otros perros. Pero, para reformular esta frase en "son sociables con TODOS los humanos y TODOS los otros perros" se necesita pasar por un proceso de socialización desde cachorros al que, por desgracia, casi ningún animal doméstico se somete en la vida real.
El cachorro, para empezar, debería estar con su madre y sus hermanos durante sus primeros meses de vida. Si quieres comprar un perro y te ofrecen dártelo con 4 semanas, desconfía de ese criador. Un cachorro no debería ser separado de su camada hasta las 8-10 semanas de vida, mínimo.
Ese cachorro, además, tendría que entrar en contacto en su primer año de vida con todo tipo de personas. De todas las edades y razas. Hay quien dice que su perro "es racista" porque ladra a los negros. Los perros no son racistas, simplemente ladran a lo desconocido. Mi perra Prechel ladró sin parar la primera vez que vio a una señora en silla de ruedas eléctrica. Su forma de moverse, deslizándose, la descolocó. Es normal. Simplemente, basta con mostrarles que no pasa nada.
Pero, volviendo al tema de las presentaciones entre perros, es importante darles la importancia que merecen. A pesar de que dos perros que se han peleado pueden terminar siendo amigos -los perros viven el momento, no guardan rencor como los humanos- es importante que nos aseguremos, a la hora de meter un perro nuevo en casa, que el perro "viejo" lo acepta y le cae bien. Hemos de asegurarnos de que comienzan su amistad con buen pie, sobre todo si hablamos de dos perros adultos.
Hay perros dominantes y perros sumisos, y todos ellos tienen una energía distinta. No siempre la combinación "macho y hembra" evita peleas. Hay hembras muy dominantes que no estarán conformes hasta que no quede claro quien manda en casa. No por ser de la misma raza, serán más afines. No por ser familia -a no ser que se hayan criado juntos varios años- serán íntimos según se vean. No hay una fórmula perfecta.
Te recomiendo que las presentaciones siempre las hagas en terreno neutral y con los perros lo más tranquilos posible por separado (después de una caminata, por ejemplo). No tenses la correa cuando se estén oliendo. Relájate, ellos perciben si la situación te estresa. Pasea con ellos juntos de la correa antes de meteros todos en casa. Supervisa siempre las comidas cerca el uno del otro y, sobre todo, observa quién es el jefe de quién.
No existe la democracia en el mundo animal. Si tienes varios perros, cada uno ocupará un cargo en el escalafón jerárquico. Es una jerarquía que deciden entre ellos. Se montarán, se intentarán dominar, parecerá que están jugando al "pressing catch". Tú, como dueño, lo único que puedes hacer es dejarles claro que, por encima de ellos, siempre estarás tú, así que -si el "pressing catch" se sube de tono- bastará con una voz tuya para separarlos. Es importante que tengas claro quién es tu perro más dominante y cuál el más sumiso y que no vayas a contracorriente de esta jerarquía.
En armonía, dos perros son significativamente mejor que uno. Serán un gran apoyo el uno para el otro. Se harán mucha compañía. Les permitirá ser "más perros" y "menos humanos". En el refugio, a los perros más sociables el tener un compañero de habitación les calma, les entretiene y les ayuda a no ponerse tan ansiosos.
Tan sólo hace falta encontrarles un compañero de juegos con el que sean afines. Cuyo nivel de energía sea similar. Y así, el Gran Danés cruzado con Pit Bull y el Labrador con genes de Bull Terrier terminarán durmiendo juntos la siesta. Y la gente, cuando vea cómo les estoy acariciando la tripa a dos manos, quizá se paren frente al cristal y, quién sabe, puede que les llegue su oportunidad.
Este blog tiene una doble función: por un lado, me gustaría que me sirviese a mi de aprendizaje. Por otro, trato de compartir algunos conocimientos relacionados con los perros para quien le pueda interesar.
No pretende ser una guía canina ni es rigurosamente científico, se trata de simplificar conceptos y transmitirlos de una forma amena para quien no esté familiarizado con este mundillo.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Speed dating... canino
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miércoles, 22 de julio de 2015
Truco y trato
El otro día, hablando con un compañero a quien ayudé a elegir qué perro adoptar hace mes y medio, me preguntó: "¿Y tu Pancho ya sabe hacer algún truco?". Cuando le enumeré las cosas que había ido enseñando a Pancho desde que lo adopté, hace poco más de medio año, él se quedó realmente sorprendido. Y yo también, la verdad, no me había dado cuenta hasta ahora de lo mucho que nos ha cundido.
Porque, a lo tonto, resulta que Pancho ya sabe (más o menos decentemente) sentarse, tumbarse, dar la pata, la otra pata, sabe hacer la croqueta, sabe caminar al lado con y sin la correa, sabe esperar sentado antes de cruzar la calle, sabe quedarse quieto donde le diga hasta que vuelva, sabe venir cuando le llamo, sabe subir al sofá, sabe bajar del sofá, sabe irse a la cesta y tiene muy claro que ahí, en la cesta, es donde tiene que tumbarse cada vez que yo me pongo a comer, y no puede moverse hasta que yo no recojo mis platos.
Pancho no sabe todas esas cosas porque sea muy listo, ni porque yo sea especialmente buena educando perros. Tampoco ninguna de esas órdenes son fundamentales. Es decir, que Pancho podría vivir conmigo y ser un perro fantástico también sin saber ninguno de esos trucos. El perro que sabe dar la pata no es mejor que el que no lo sabe. Aparentemente, no vale de nada que tu perro sepa hacerse el muerto, o que le digas "¡Habla!" y suelte dos ladridos.
Porque la orden es lo de menos. Da igual lo que te propongas enseñarle a tu perro, lo que es realmente importante es el acto de enseñarle algo. Porque, verás, a los perros no hay cosa que más les guste que aprender a hacer cosas: siempre hay galletas, juguetes o caricias de por medio. Para tu perro, aprender significa jugar y, lo que es más importante, tener toda tu atención.
Para ti, también es muy útil porque, al enseñar cualquier cosa a tu perro, estás reforzando tu papel de líder. Podemos querer muchísimo a nuestros perros, podemos considerarlos nuestros hijos, pero un perro estable y feliz necesita un jefe para seguir siendo estable y feliz... Y ese jefe eres tú. Por tanto, que se note. Como jefe que eres, tú mandas y él obedece. Encantado, además.
Cinco o diez minutos al día bastan. Mientras juegas con él en casa, o durante el paseo. Escoge como recompensa aquello que más le guste: la pelota, un muñeco, galletas... y nunca dejes el ejercicio a medias, siempre ha de terminar bien. Los perros pueden ser muy cabezotas, quizá tengas que demostrar que tú lo eres más que ellos. Pero no desesperes, no olvides que el objetivo es divertirte y recuerda siempre que el refuerzo positivo es infinitamente más eficaz que cualquier tipo de castigo.
Ponte metas asequibles. Decide qué quieres enseñar a tu perro y ve de lo más fácil a lo más difícil. Si no sabes por dónde empezar a enseñarle algo, siempre puedes recurrir a los tutoriales de YouTube. No te impacientes, cada truco requiere su tiempo y, según cada perro, un número diferente de repeticiones. Y, muy importante, intenta aprovechar sus propias aptitudes e instintos más agudizados. Si ves que tu perro jamás salta, no intentes enseñarle que salte a la orden. Sin embargo, si tu perro da brincos cada vez que se entusiasma, será sencillo premiarle cuando lo haga y conseguir, así, que termine saltando cuando tú se lo ordenes.
Un perro que sabe trucos puede no ser mejor perro que el que no los sabe, pero el vínculo con su dueño será mucho más fuerte. Además, los trucos son la antesala de la obediencia, ya que una vez aprendido el primero, tu perro querrá aprender más. No importa la edad, la estimulación mental es siempre necesaria para que tu perro sea feliz. Y tú sonreirás cada vez que, con cara de máxima concentración, te dé la pata. O gire sobre sí mismo, o pase entre tus piernas, o te traiga el juguete y lo suelte en tu mano. Está en la naturaleza del perro querer complacer a su familia humana: lo único que necesitan saber es qué queremos que hagan.
Porque, a lo tonto, resulta que Pancho ya sabe (más o menos decentemente) sentarse, tumbarse, dar la pata, la otra pata, sabe hacer la croqueta, sabe caminar al lado con y sin la correa, sabe esperar sentado antes de cruzar la calle, sabe quedarse quieto donde le diga hasta que vuelva, sabe venir cuando le llamo, sabe subir al sofá, sabe bajar del sofá, sabe irse a la cesta y tiene muy claro que ahí, en la cesta, es donde tiene que tumbarse cada vez que yo me pongo a comer, y no puede moverse hasta que yo no recojo mis platos.
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| Pancho ayer, esperando a que vuelva |
Pancho no sabe todas esas cosas porque sea muy listo, ni porque yo sea especialmente buena educando perros. Tampoco ninguna de esas órdenes son fundamentales. Es decir, que Pancho podría vivir conmigo y ser un perro fantástico también sin saber ninguno de esos trucos. El perro que sabe dar la pata no es mejor que el que no lo sabe. Aparentemente, no vale de nada que tu perro sepa hacerse el muerto, o que le digas "¡Habla!" y suelte dos ladridos.
Porque la orden es lo de menos. Da igual lo que te propongas enseñarle a tu perro, lo que es realmente importante es el acto de enseñarle algo. Porque, verás, a los perros no hay cosa que más les guste que aprender a hacer cosas: siempre hay galletas, juguetes o caricias de por medio. Para tu perro, aprender significa jugar y, lo que es más importante, tener toda tu atención.
Para ti, también es muy útil porque, al enseñar cualquier cosa a tu perro, estás reforzando tu papel de líder. Podemos querer muchísimo a nuestros perros, podemos considerarlos nuestros hijos, pero un perro estable y feliz necesita un jefe para seguir siendo estable y feliz... Y ese jefe eres tú. Por tanto, que se note. Como jefe que eres, tú mandas y él obedece. Encantado, además.
Cinco o diez minutos al día bastan. Mientras juegas con él en casa, o durante el paseo. Escoge como recompensa aquello que más le guste: la pelota, un muñeco, galletas... y nunca dejes el ejercicio a medias, siempre ha de terminar bien. Los perros pueden ser muy cabezotas, quizá tengas que demostrar que tú lo eres más que ellos. Pero no desesperes, no olvides que el objetivo es divertirte y recuerda siempre que el refuerzo positivo es infinitamente más eficaz que cualquier tipo de castigo.
Ponte metas asequibles. Decide qué quieres enseñar a tu perro y ve de lo más fácil a lo más difícil. Si no sabes por dónde empezar a enseñarle algo, siempre puedes recurrir a los tutoriales de YouTube. No te impacientes, cada truco requiere su tiempo y, según cada perro, un número diferente de repeticiones. Y, muy importante, intenta aprovechar sus propias aptitudes e instintos más agudizados. Si ves que tu perro jamás salta, no intentes enseñarle que salte a la orden. Sin embargo, si tu perro da brincos cada vez que se entusiasma, será sencillo premiarle cuando lo haga y conseguir, así, que termine saltando cuando tú se lo ordenes.
Un perro que sabe trucos puede no ser mejor perro que el que no los sabe, pero el vínculo con su dueño será mucho más fuerte. Además, los trucos son la antesala de la obediencia, ya que una vez aprendido el primero, tu perro querrá aprender más. No importa la edad, la estimulación mental es siempre necesaria para que tu perro sea feliz. Y tú sonreirás cada vez que, con cara de máxima concentración, te dé la pata. O gire sobre sí mismo, o pase entre tus piernas, o te traiga el juguete y lo suelte en tu mano. Está en la naturaleza del perro querer complacer a su familia humana: lo único que necesitan saber es qué queremos que hagan.
domingo, 22 de febrero de 2015
Quién conoce a quién
La semana pasada se publicó, por primera vez, un estudio desde la Universidad de Veterinaria de Viena, Austria, donde se demostraba que los perros pueden identificar las expresiones faciales de los humanos y asociarlas a estados de ánimo.
Sé que todos los que tengáis perro pensaréis que esto no es nada nuevo, nuestro perros saben de sobra si estamos felices, tristes, tranquilos o estresados. Sin embargo, creo que -como dueños de perros- muchas veces no somos conscientes de toda la información que tienen nuestros perros sobre nosotros a través de nuestro lenguaje no verbal.
Los perros son grandes observadores y nos conocen mejor que nosotros mismos. Pueden percibir si hemos tenido un buen o mal día en función al ruido que hagamos al dejar las llaves en la entrada. Para ellos son evidentes algunas cosas que a nosotros se nos pasan por alto, como la brusquedad en nuestros movimientos, el tono de nuestra voz, un tic nervioso, o nuestra frecuencia cardíaca.
Recuerdo que Carlota, la madre de mis perras, movía el rabo con entusiasmo cada vez que su dueño sonreía. Era increíble, nunca he vuelto a ver nada igual. Ella, como los perros de este estudio, sabía que el hecho de que su dueño mostrase sus dientes era algo positivo que solía conllevar una caricia, o un paseo, o una galleta.
Por la misma regla de tres, los perros identifican al instante cuándo no estamos contentos. Por eso, el cachorro que está aprendiendo a quedarse solo en casa echa las orejas para atrás y adopta una posición sumisa, que nosotros llamamos "cara de culpabilidad" cuando entramos por la puerta y vemos que se ha comido su cesta, o se ha hecho caca en el pasillo, o ha mordido el sofá... o todo a la vez. No es que ellos "sepan". O, mejor dicho, no saben exactamente lo que nosotros creemos. Ellos no saben el motivo de nuestro enfado pero, según nos ven, son perfectamente conscientes de que estamos enfadados. Si, además, algún día hemos puesto esa cara y les hemos regañado o gritado, o repetido aquello de "¿¿¿quién ha hecho esto???", ellos temen que volvamos a reaccionar así y de ahí que su respuesta sea la más sumisa posible.
Algunos gestos de sumisión habituales en los perros son las orejas orientadas hacia atrás o incluso pegadas a la cabeza, la cola baja o entre las patas, la cabeza agachada, los ojos entreabiertos o cerrados... Desvían la mirada e intentan hacerse lo más pequeños posible. Pero no, no es porque se sientan culpables... lo que sienten es puro miedo.
"Denver, the guilty dog" fue, hace un par de años, todo un fenómeno en YouTube, con más de cuarenta millones de visitas. En el vídeo (podéis verlo aquí) se ve cómo el dueño de Denver y Macy encuentra una bolsita de galletas de gato mordisqueada y busca al culpable. Primero le enseña la bolsita a Macy, una Golden Retriever entrada en años que no parece inmutarse con la acusación. Sin embargo, en el momento en el que la cámara enfoca a Denver, un Labrador mucho más joven, se "percibe" su culpabilidad. ¿Por qué? porque Denver está en un rincón, encogido, moviendo tímidamente el rabo y con cara de cordero degollado. Y, cuantas más veces su dueño le pregunta si fue él quien lo hizo, más dramática es su expresión.
No dudo de la culpabilidad de Denver (yo también he tenido Labradores y no tienen fondo... ¡por supuesto que se lo comió él!), pero Denver no reacciona así por saberse culpable. Reacciona así porque identifica la frase que le está diciendo su dueño, su tono de voz y su lenguaje no verbal como preámbulo de un castigo posterior. Y el perro se estresa tanto que llega a enseñar los dientes, cosa que a mi me preocuparía porque, en los perros, el miedo -llevado a un extremo- es el principal detonante de una agresión.
Aclaro una cosa: no es que crea que el dueño de Denver maltrate a su perro. O, al menos, no de una forma consciente. Denver en este video pasa un mal rato porque se siente amenazado por su dueño sin saber por qué, pero los seres humanos siempre nos creemos el centro del universo y pensamos que nuestras reacciones son aplicables a todas las especies. Pero no, en este caso, tu perro y tú no estáis exactamente igual de programados. Así que, si ves que te la ha liado durante tu ausencia y no le has pillado "con las manos en la masa", ahórrate el drama, simplemente recoge el desastre e ignórale mientras tanto.
Humanizar a tu perro no es sólo meterle en tu cama o ponerle un anorak los días de frío... humanizarle es dar por hecho que responde física y emocionalmente igual que un ser humano. Es pensar que disfruta, como tú, cuando le dan un abrazo. Es dar por sentado que te echa de menos si faltas. Es estar convencido de que le gusta una canción porque "canta" (aúlla) cuando ésta suena. Es pensar que tiene remordimientos o que siente rencor... Pues bien, tengo malas y buenas noticias al respecto: la mala es que no, la inteligencia de tu perro no es tan avanzada y para todas esas reacciones que tú consideras "humanas", hay una explicación mucho más primitiva, mucho más simple. La buena noticia es que tu perro no será tan listo como una persona, pero -en su sencillez- es mil veces "mejor persona" que tú.
Sé que todos los que tengáis perro pensaréis que esto no es nada nuevo, nuestro perros saben de sobra si estamos felices, tristes, tranquilos o estresados. Sin embargo, creo que -como dueños de perros- muchas veces no somos conscientes de toda la información que tienen nuestros perros sobre nosotros a través de nuestro lenguaje no verbal.
Los perros son grandes observadores y nos conocen mejor que nosotros mismos. Pueden percibir si hemos tenido un buen o mal día en función al ruido que hagamos al dejar las llaves en la entrada. Para ellos son evidentes algunas cosas que a nosotros se nos pasan por alto, como la brusquedad en nuestros movimientos, el tono de nuestra voz, un tic nervioso, o nuestra frecuencia cardíaca.
Recuerdo que Carlota, la madre de mis perras, movía el rabo con entusiasmo cada vez que su dueño sonreía. Era increíble, nunca he vuelto a ver nada igual. Ella, como los perros de este estudio, sabía que el hecho de que su dueño mostrase sus dientes era algo positivo que solía conllevar una caricia, o un paseo, o una galleta.
Por la misma regla de tres, los perros identifican al instante cuándo no estamos contentos. Por eso, el cachorro que está aprendiendo a quedarse solo en casa echa las orejas para atrás y adopta una posición sumisa, que nosotros llamamos "cara de culpabilidad" cuando entramos por la puerta y vemos que se ha comido su cesta, o se ha hecho caca en el pasillo, o ha mordido el sofá... o todo a la vez. No es que ellos "sepan". O, mejor dicho, no saben exactamente lo que nosotros creemos. Ellos no saben el motivo de nuestro enfado pero, según nos ven, son perfectamente conscientes de que estamos enfadados. Si, además, algún día hemos puesto esa cara y les hemos regañado o gritado, o repetido aquello de "¿¿¿quién ha hecho esto???", ellos temen que volvamos a reaccionar así y de ahí que su respuesta sea la más sumisa posible.
Algunos gestos de sumisión habituales en los perros son las orejas orientadas hacia atrás o incluso pegadas a la cabeza, la cola baja o entre las patas, la cabeza agachada, los ojos entreabiertos o cerrados... Desvían la mirada e intentan hacerse lo más pequeños posible. Pero no, no es porque se sientan culpables... lo que sienten es puro miedo.
"Denver, the guilty dog" fue, hace un par de años, todo un fenómeno en YouTube, con más de cuarenta millones de visitas. En el vídeo (podéis verlo aquí) se ve cómo el dueño de Denver y Macy encuentra una bolsita de galletas de gato mordisqueada y busca al culpable. Primero le enseña la bolsita a Macy, una Golden Retriever entrada en años que no parece inmutarse con la acusación. Sin embargo, en el momento en el que la cámara enfoca a Denver, un Labrador mucho más joven, se "percibe" su culpabilidad. ¿Por qué? porque Denver está en un rincón, encogido, moviendo tímidamente el rabo y con cara de cordero degollado. Y, cuantas más veces su dueño le pregunta si fue él quien lo hizo, más dramática es su expresión.
No dudo de la culpabilidad de Denver (yo también he tenido Labradores y no tienen fondo... ¡por supuesto que se lo comió él!), pero Denver no reacciona así por saberse culpable. Reacciona así porque identifica la frase que le está diciendo su dueño, su tono de voz y su lenguaje no verbal como preámbulo de un castigo posterior. Y el perro se estresa tanto que llega a enseñar los dientes, cosa que a mi me preocuparía porque, en los perros, el miedo -llevado a un extremo- es el principal detonante de una agresión.
Aclaro una cosa: no es que crea que el dueño de Denver maltrate a su perro. O, al menos, no de una forma consciente. Denver en este video pasa un mal rato porque se siente amenazado por su dueño sin saber por qué, pero los seres humanos siempre nos creemos el centro del universo y pensamos que nuestras reacciones son aplicables a todas las especies. Pero no, en este caso, tu perro y tú no estáis exactamente igual de programados. Así que, si ves que te la ha liado durante tu ausencia y no le has pillado "con las manos en la masa", ahórrate el drama, simplemente recoge el desastre e ignórale mientras tanto.
Humanizar a tu perro no es sólo meterle en tu cama o ponerle un anorak los días de frío... humanizarle es dar por hecho que responde física y emocionalmente igual que un ser humano. Es pensar que disfruta, como tú, cuando le dan un abrazo. Es dar por sentado que te echa de menos si faltas. Es estar convencido de que le gusta una canción porque "canta" (aúlla) cuando ésta suena. Es pensar que tiene remordimientos o que siente rencor... Pues bien, tengo malas y buenas noticias al respecto: la mala es que no, la inteligencia de tu perro no es tan avanzada y para todas esas reacciones que tú consideras "humanas", hay una explicación mucho más primitiva, mucho más simple. La buena noticia es que tu perro no será tan listo como una persona, pero -en su sencillez- es mil veces "mejor persona" que tú.
domingo, 18 de enero de 2015
Finales felices
Ayer fui con Pancho a un parque de perros cercano a mi casa y ocurrió algo mágico: reconocí a dos perrillos de la Humane Society of Greater Miami a los que cuidé siendo voluntaria y que ahora ya tienen una casa. Hablé con sus dueños y sí, efectivamente, eran ellos. Y no sé a quién se veía más feliz, si a los perros o a los dueños con ellos.
Es increíble cómo pueden cambiar los perros del refugio cuando se reintegran en la sociedad y vuelven a sentirse parte de una manada. Colaborando allí me terminé dando cuenta de que los perros dentro de una perrera se comportan como si estuviesen en una cárcel: están en modo de supervivencia y dejan de ser, en parte, ellos mismos. Hay perros tímidos que, una vez adoptados, se vuelven extrovertidos. La mayoría de ellos se vuelven agresivos con sus congéneres durante su estancia en la perrera, ya que se disputan constantemente con ellos la comida, la atención de los voluntarios y de los visitantes a través del cristal. Hay perros que no se encuentran bien: perros que aún se están recuperando de una lesión o de una cirugía que les salvó la vida. Hay perros que enseñan los dientes a aquellos que dan golpecitos en el cristal para llamar su atención, porque están hartos de que los humanos hagan eso y no entren con ellos a jugar. Existen también perros que no comen, que sólo duermen y no quieren saber nada de nadie, porque están deprimidos por estar allí. Da a esos perros una casa, un sofá y unos mimos y verás florecer en ellos la felicidad.
Hank, uno de los perros que reconocí en el parque ayer, en el refugio tenía carita de circunstancias pero ahora es un perro feliz y tiene de "hermano" a un gato. Sussy, la American Bulldog maltratada y deprimida a la que vi volver al refugio después de haber sido adoptada por una familia que no la cuidó en absoluto, ahora disfruta de su nuevo dueño y deja que su "hermano" Chihuahua trepe a su lomo para dormirse encima, a pesar de que en el refugio tenía que estar aislada por ser agresiva con otros perros.
Mi amiga Clara me ha enviado hoy precisamente este link donde podréis ver algunos ejemplos de perros que se nota a simple vista que son felices después de ser adoptados... y Rosario, un par de días antes, me mandó este link también, donde se cuenta la historia de Gluta: una perra callejera tailandesa que tuvo la suerte de ser rescatada por alguien dispuesto a alimentarla, cuidarla, quererla y proporcionarle tratamiento veterinario para curarle un cáncer. Lógicamente, ahora es feliz y su dueño, que ha tomado millones de fotos y vídeos de los progresos de Gluta, le ha hecho un perfil de Facebook, un canal de YouTube y hasta ha publicado un libro con todo el proceso.
Según él, Gluta es hoy "la perra más feliz del mundo". Y, viendo las fotos, yo estoy de acuerdo.
Es increíble cómo pueden cambiar los perros del refugio cuando se reintegran en la sociedad y vuelven a sentirse parte de una manada. Colaborando allí me terminé dando cuenta de que los perros dentro de una perrera se comportan como si estuviesen en una cárcel: están en modo de supervivencia y dejan de ser, en parte, ellos mismos. Hay perros tímidos que, una vez adoptados, se vuelven extrovertidos. La mayoría de ellos se vuelven agresivos con sus congéneres durante su estancia en la perrera, ya que se disputan constantemente con ellos la comida, la atención de los voluntarios y de los visitantes a través del cristal. Hay perros que no se encuentran bien: perros que aún se están recuperando de una lesión o de una cirugía que les salvó la vida. Hay perros que enseñan los dientes a aquellos que dan golpecitos en el cristal para llamar su atención, porque están hartos de que los humanos hagan eso y no entren con ellos a jugar. Existen también perros que no comen, que sólo duermen y no quieren saber nada de nadie, porque están deprimidos por estar allí. Da a esos perros una casa, un sofá y unos mimos y verás florecer en ellos la felicidad.
| Pancho también comienza a sonreír |
Hank, uno de los perros que reconocí en el parque ayer, en el refugio tenía carita de circunstancias pero ahora es un perro feliz y tiene de "hermano" a un gato. Sussy, la American Bulldog maltratada y deprimida a la que vi volver al refugio después de haber sido adoptada por una familia que no la cuidó en absoluto, ahora disfruta de su nuevo dueño y deja que su "hermano" Chihuahua trepe a su lomo para dormirse encima, a pesar de que en el refugio tenía que estar aislada por ser agresiva con otros perros.
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| Con Hank, antes de que fuera adoptado |
Mi amiga Clara me ha enviado hoy precisamente este link donde podréis ver algunos ejemplos de perros que se nota a simple vista que son felices después de ser adoptados... y Rosario, un par de días antes, me mandó este link también, donde se cuenta la historia de Gluta: una perra callejera tailandesa que tuvo la suerte de ser rescatada por alguien dispuesto a alimentarla, cuidarla, quererla y proporcionarle tratamiento veterinario para curarle un cáncer. Lógicamente, ahora es feliz y su dueño, que ha tomado millones de fotos y vídeos de los progresos de Gluta, le ha hecho un perfil de Facebook, un canal de YouTube y hasta ha publicado un libro con todo el proceso.
Según él, Gluta es hoy "la perra más feliz del mundo". Y, viendo las fotos, yo estoy de acuerdo.
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| La felicidad perruna de Gluta |
lunes, 12 de enero de 2015
El "novamás" en Parques
Mi reciente adopción de Pancho, un cruce de Jack Russell Terrier y Teckel en el refugio donde hago voluntariado, me ha abierto las puertas al maravilloso mundo canino en Miami. Desde hace un par de semanas, este perrillo y yo nos hacemos mutua compañía, nos vamos conociendo y disfrutando.
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| Este es Pancho |
Pancho es un perro adulto y, como tal, tiene un pasado que nunca sabremos. Por tanto, he de llenarme de paciencia y perseverancia para conseguir sacar de él lo mejor y que olvide, lo antes posible, lo mal que lo ha pasado antes. No es fácil, ni para él ni para mi. Como su principal problema es que no está correctamente socializado y tiene muchos miedos, he decidido hacer terapia intensiva juntos yendo a lugares transitados para que interactúe con mucha gente y muchos perros.
Ayer, por tanto, Pancho y yo fuimos, por primera vez, a un parque de perros en Miami: el Trails and Tails del barrio de Doral. Pancho parecía contento con la excursión pero a mi casi se me desencaja la mandíbula al llegar. En España, este concepto definitivamente no existe.
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| Esto es un parque para perros... y lo demás son tonterías |
El Parque, que abre desde el amanecer hasta que cae el sol y es de entrada gratuita, consiste en, básicamente, cuatro áreas diferenciadas: un parque vallado para perros de talla pequeña, un parque vallado para perros de talla grande, un parque vallado con columpios para niños y una zona con mesas de picnic, lavabos públicos, máquinas de vending y área de lavado para perros. En total, son más de 30 mil metros cuadrados inmaculadamente limpios al servicio de las familias y sus mascotas.
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| Panorámica de la zona de perros pequeños... la de los perros grandes es igual |
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| Zona infantil con columpios y aparcamiento de patinetes y triciclos |
Las zonas para perros propiamente dichas son espectacularmente grandes para que puedan correr sueltos a sus anchas y se entra a ellas por una doble verja (para evitar escapes). Dentro, hay bancos a la sombra de los árboles para los dueños y mucho, mucho césped -perfectamente cuidado- para los perros, además de las papeleras con bolsas y fuentes de agua para que beban caninos y humanos.
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| Pancho bebiendo un poco de agua |
En la puerta de cada una de las zonas hay unas normas de uso y la medida que tiene que tener tu perro para poder entrar al parque de los grandes o los pequeños. Y, por último, dentro del parque hay 3 personas contratadas para estar pendientes de todas las áreas y evitar peleas entre perros o asegurarse de que los dueños recojan los excrementos.
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| Pancho "midiéndose" antes de entrar |
El área de lavado de perros consiste en varias zonas valladas, cada una con su manguera, en las cuales puedes bañar tú mismo a tu perro. Basta con traer el champú, un par de toallas y te llevas de allí a tu perro limpio y reluciente.
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| Aseos y entrada a la zona de lavado de perros |
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| Lavadero de perros |
Me quedé fascinada con este lugar. Acostumbrada a los parques para perros de Madrid, escasos (que yo conozca, sólo están las zonas acotadas dentro del Juan Carlos I, la del parque de El Retiro y un área en el Manzanares, dentro de la ciudad) y tristemente pensados (cercados de madera que sólo evitan el escape de perros grandes, una sola fuente dentro del recinto, las bolsas suelen escasear en según qué zonas, el terreno siempre es de tierra que se embarra cada vez que llueve...), a mi este lugar me pareció el cielo canino.
Y he visto que hay más de media docena de parques similares a este sólo en el condado de Miami-Dade. Así que Pancho va a tener suerte... y yo también.
domingo, 27 de julio de 2014
No hay huevos
Dentro de la Humane Society of Greater Miami, hay un centro veterinario. Sus servicios se dividen en dos áreas: la parte dedicada a los perros que, posteriormente, serán adoptados y, por otra parte, existen unos servicios de bajo coste para las familias que ya tienen un perro y quieren gastar lo menos posible en el veterinario.
Cada vez que entra un perro o un gato nuevo en el refugio, pasa por el hospital. Se le examina, pasa por un periodo de cuarentena para evitar que contagie enfermedades al recinto donde están el resto de perros "adoptables" y, lo más importante de todo, se le castra o esteriliza. Hasta aquí, todo normal: la mayoría de los refugios y protectoras en España, a día de hoy, también hacen esto mismo.
La diferencia está en los particulares. Quiero decir, en la cantidad de particulares que llevan a sus perros y gatos a someterse a la cirugía necesaria para no poder criar con ellos. En la Humane Society, los precios son imbatibles: cobran unos 30 dólares por cada esterilización / castración de perro y tan sólo 15 dólares en el caso de los gatos.
Creo recordar que yo pagué unos 200 ó 300 euros por cada una de las esterilizaciones de mis perras (que es, aproximadamente, lo mismo que te cuesta aquí en una clínica privada), y entiendo que el coste de esta cirugía pueda suponer un freno para aquellos dueños que no estén 100% convencidos. De ahí que existan este tipo de campañas: evitando la excusa del alto coste, consigues que más dueños se animen a esterilizar a sus mascotas.
De esta manera, en una misma mañana se pueden operar a más de 50 perros y gatos en la Humane Society, contando con tan sólo 2 veterinarios.
Porque, aquí, la gente está mucho más concienciada de que la esterilización es la mejor opción. Según llevas a un cachorro por primera vez a la consulta del veterinario, ya te van informando de lo que te costará operarle, independientemente de que sea macho o hembra. Si no eres criador profesional, es la opción más responsable, evitando que tu perro genere más cachorros que puedan ser abandonados o, lo que es lo mismo, vendidos o regalados a familias que terminarán queriendo deshacerse de ellos en algún momento futuro.
No me sorprende que, en España, la esterilización de las perras esté ampliamente más aceptada que la castración de los machos. Aún quedan muchos pensamientos retrógrados de dueños que se resisten a castrar a sus machos porque "les amariconas" o "no se pueden realizar en la vida" o "son menos machos". No, los perros no se van a sentir más realizados cruzándose una vez en la vida: son animales y su necesidad de aparearse responde exclusivamente a su testosterona. Castrando a tu perro macho, evitas que se escape, evitas que marque compulsivamente territorio, que aúlle o sufra por no poder seguir el rastro de una hembra en celo… Evitas también -en muchos casos- peleas en el parque con otros machos, y puedes incluso evitar algunos casos de cáncer en el futuro.
Las hembras nos lo ponen más fácil a los humanos ya que, esterilizándolas, evitas el incómodo celo que todas las razas (salvo el Basenji) tienen dos veces al año, con sus correspondientes inconvenientes para sus dueños: no puedes sacarlas al parque porque todos tus vecinos perros se vuelven locos, manchan y pueden estar irascibles. Además, muchas hembras "adoptan" juguetes después del celo, creando en su mente una preñez psicológica por la que pueden caer en una profunda tristeza y producir incluso leche en sus mamas. Esterilizando a tu perra antes de que esto ocurra evitas, en gran medida, el cáncer de mama, que es el tipo de cáncer más común en perros.
En el caso de los machos, no está tan claro que la castración evite tantas enfermedades y, encima, no tienen ese celo que suponga una molestia a sus humanos. Pero es una cirugía muy sencilla que rara vez supone complicaciones: ganan las ventajas respecto a los inconvenientes. Y, sobre todo, aquí se hace habitualmente por pura responsabilidad, sin pensárselo tanto, sin "sufrir" -como en España- por el devenir de los testículos de tu perro como si fueran los tuyos propios.
No por tener un perro macho muy bonito de pura raza es buena idea cruzarlo. Insisto, como siempre: dejemos la crianza a los profesionales. A aquellos que estudian las líneas genéticas y valoran si es conveniente, o no, reproducir a un determinado macho con una determinada hembra. A aquellos que pretenden mejorar la raza y no, simplemente, generar más cachorros "para quedarse con uno" o "para vivir la experiencia" o "para regalárselo a mi prima". Y, si no vas a criar con él, asegúrate de que tu perro no vaya a escapar siguiendo el rastro de una hembra en celo y la liemos. No por castrar a tu perro eres mala persona. Al contrario, puede que -sin saberlo- aportes tu granito de arena a la eterna lucha contra la superpoblación y abandono de animales. Pero, para eso, hay que asumir que, castrando a tu macho, no vas a provocar en él ningún problema de identidad sexual, ni va a ser menos macho por ello. Y, en muchos casos, son los dueños los que no tienen huevos.
Cada vez que entra un perro o un gato nuevo en el refugio, pasa por el hospital. Se le examina, pasa por un periodo de cuarentena para evitar que contagie enfermedades al recinto donde están el resto de perros "adoptables" y, lo más importante de todo, se le castra o esteriliza. Hasta aquí, todo normal: la mayoría de los refugios y protectoras en España, a día de hoy, también hacen esto mismo.
La diferencia está en los particulares. Quiero decir, en la cantidad de particulares que llevan a sus perros y gatos a someterse a la cirugía necesaria para no poder criar con ellos. En la Humane Society, los precios son imbatibles: cobran unos 30 dólares por cada esterilización / castración de perro y tan sólo 15 dólares en el caso de los gatos.
Creo recordar que yo pagué unos 200 ó 300 euros por cada una de las esterilizaciones de mis perras (que es, aproximadamente, lo mismo que te cuesta aquí en una clínica privada), y entiendo que el coste de esta cirugía pueda suponer un freno para aquellos dueños que no estén 100% convencidos. De ahí que existan este tipo de campañas: evitando la excusa del alto coste, consigues que más dueños se animen a esterilizar a sus mascotas.
De esta manera, en una misma mañana se pueden operar a más de 50 perros y gatos en la Humane Society, contando con tan sólo 2 veterinarios.
Porque, aquí, la gente está mucho más concienciada de que la esterilización es la mejor opción. Según llevas a un cachorro por primera vez a la consulta del veterinario, ya te van informando de lo que te costará operarle, independientemente de que sea macho o hembra. Si no eres criador profesional, es la opción más responsable, evitando que tu perro genere más cachorros que puedan ser abandonados o, lo que es lo mismo, vendidos o regalados a familias que terminarán queriendo deshacerse de ellos en algún momento futuro.
No me sorprende que, en España, la esterilización de las perras esté ampliamente más aceptada que la castración de los machos. Aún quedan muchos pensamientos retrógrados de dueños que se resisten a castrar a sus machos porque "les amariconas" o "no se pueden realizar en la vida" o "son menos machos". No, los perros no se van a sentir más realizados cruzándose una vez en la vida: son animales y su necesidad de aparearse responde exclusivamente a su testosterona. Castrando a tu perro macho, evitas que se escape, evitas que marque compulsivamente territorio, que aúlle o sufra por no poder seguir el rastro de una hembra en celo… Evitas también -en muchos casos- peleas en el parque con otros machos, y puedes incluso evitar algunos casos de cáncer en el futuro.
Las hembras nos lo ponen más fácil a los humanos ya que, esterilizándolas, evitas el incómodo celo que todas las razas (salvo el Basenji) tienen dos veces al año, con sus correspondientes inconvenientes para sus dueños: no puedes sacarlas al parque porque todos tus vecinos perros se vuelven locos, manchan y pueden estar irascibles. Además, muchas hembras "adoptan" juguetes después del celo, creando en su mente una preñez psicológica por la que pueden caer en una profunda tristeza y producir incluso leche en sus mamas. Esterilizando a tu perra antes de que esto ocurra evitas, en gran medida, el cáncer de mama, que es el tipo de cáncer más común en perros.
En el caso de los machos, no está tan claro que la castración evite tantas enfermedades y, encima, no tienen ese celo que suponga una molestia a sus humanos. Pero es una cirugía muy sencilla que rara vez supone complicaciones: ganan las ventajas respecto a los inconvenientes. Y, sobre todo, aquí se hace habitualmente por pura responsabilidad, sin pensárselo tanto, sin "sufrir" -como en España- por el devenir de los testículos de tu perro como si fueran los tuyos propios.
No por tener un perro macho muy bonito de pura raza es buena idea cruzarlo. Insisto, como siempre: dejemos la crianza a los profesionales. A aquellos que estudian las líneas genéticas y valoran si es conveniente, o no, reproducir a un determinado macho con una determinada hembra. A aquellos que pretenden mejorar la raza y no, simplemente, generar más cachorros "para quedarse con uno" o "para vivir la experiencia" o "para regalárselo a mi prima". Y, si no vas a criar con él, asegúrate de que tu perro no vaya a escapar siguiendo el rastro de una hembra en celo y la liemos. No por castrar a tu perro eres mala persona. Al contrario, puede que -sin saberlo- aportes tu granito de arena a la eterna lucha contra la superpoblación y abandono de animales. Pero, para eso, hay que asumir que, castrando a tu macho, no vas a provocar en él ningún problema de identidad sexual, ni va a ser menos macho por ello. Y, en muchos casos, son los dueños los que no tienen huevos.
domingo, 15 de junio de 2014
Mya
Llevo más de tres meses siendo voluntaria de un refugio cercano a mi casa llamado Humane Society of Greater Miami. Para poder llevar puesta mi camiseta de voluntaria, tuve que pasar un curso teórico de formación de tres horas y, semanas más tarde, un curso de formación práctico de otra hora más donde me presentaron a los perros que allí vivían, uno a uno.
Elegí esta asociación porque es lo más parecido posible a un albergue canino. No existe, según sus estatutos, la eutanasia como control de población pero, por tanto, no aceptan a todos los perros. Para poder entregar voluntariamente a tu perro, has de pedir cita y ellos deciden si se lo quedan o no. Si hay espacio, suele ser bienvenido. Si no tienen en ese momento espacio, dan al dueño un listado de otros posibles refugios para que pregunte allí.
Es muy triste ver cómo la gente da a sus perros. Una señora de unos 70 años, el otro día quiso dejar a su perrita temblorosa allí porque "ladraba mucho". Al advertirle de que tenía que haber pedido cita y que tendría que volver otro día, se lamentó porque "tenía decidido que ya no volviese a casa". Lo que le pasó aquel día a esa perrilla, nunca lo sabré.
A pesar de que en la Humane Society tratan a los perros muy bien, tienen sus habitaciones limpias, con aire acondicionado y comida abundante, no deja de ser un refugio de animales sin hogar. A lo largo de estos tres últimos meses, la rotación ha sido increíble; hay -por suerte- muchas adopciones cada semana y muy pocos perros de los que conocí al principio siguen estando allí, esperando a ser adoptados.
Estos perros a los que nadie quiere, terminan siendo los favoritos de los voluntarios que, como yo, intentan darles más cariño sabiendo que es difícil que una familia se encapriche de ellos ese día.
Yo tenía una clara favorita: Mya. Cruce de Pitbull con Bull Terrier de unos dos años de edad, esa perra era pura energía. Al verme, daba saltos de más de un metro de alto con las cuatro patas, como si tuviese muelles en las almohadillas. Sabía sentarse, tumbarse y te daba la patita. Derrochaba amor por los cuatro costados y yo la regañaba: "Mya, eres muy bestia, así no te van a adoptar". No era consciente de su fuerza y podía llegar a hacer daño cuando su único propósito era llegar a besarte una oreja.
Mya necesitaba, urgentemente, un jardín. Yo era una de las pocas voluntarias que se atrevía a sacarla de paseo: tiraba mucho y se enfrentaba a todos los perros que, tras los cristales, la ladraban. Llegar al recinto cerrado donde la podía soltar al aire libre era una pequeña odisea. Mya era una perra poderosa.
En el parque, cerrado sólo para ella porque se llevaba muy mal con otros perros, no paraba de correr, perseguir muñecos y traerme la pelota. Mya necesitaba correr y desfogarse. Cuando caminábamos de vuelta hacia su habitación, Mya iba ya tranquila, desahogada, sin tirar de la correa.
Ciro, un voluntario que lleva muchísimos años en el centro, me comentó un día que estaba intentando encontrar casa a Mya. Las necesidades eran muy específicas: tendría que ser una casa con jardín vallado, sin ningún otro perro en la familia y un dueño deportista que la hiciese correr. No era fácil, pero parece ser que Ciro tenía una familia candidata en Ocala (a unos 400 km de Miami) y estaba ya moviendo los papeles para el traslado.
Pero, la semana pasada, ocurrió algo terrible. Alguien sacó al parque a Mya pero dejó, por error, la entrada al recinto sin cerrar. Y, un rato después, otra voluntaria sacó a Gorda -un cruce de pastor- al recinto de al lado. Mya no lo pensó dos veces y salió disparada a atacar a Gorda, que se defendía como podía, pero Mya tenía todas las de ganar: mucho instinto, mucha fuerza y una gran mandíbula.
Las separaron antes de que hubiese graves consecuencias y las llevaron al veterinario. A Gorda, para curarle las heridas del cuello. A Mya, para ponerle la inyección letal.
Ciro, antes de que tomasen tan drástica decisión, intentó frenarles. Mya no había atacado jamás a un ser humano y el hecho de que atacase a otros perros no era nada nuevo. Muchos perros son agresivos con sus congéneres, sin que esto suponga un gran problema a la hora de ser adoptados. Y Mya estaba a punto de ir a una casa donde sería feliz.
Pero no pudo ser. La Dirección del centro tomó la decisión de matar a Mya. Muerto el perro, se acabó la rabia. Y a Ciro le dijeron que lo viese desde el lado positivo, que Mya ahora estará dando brincos en el cielo, libre, como ella quería.
Yo hubiese preferido que Mya diese brincos en Ocala.
Ciro les dijo que no volvería por el refugio, que le habían decepcionado. Pero luego pensó en los perros -en todos los que allí están ahora- y volvió a pasarse a ayudar el sábado por la mañana. Allí me lo encontré yo, que aún no sabía nada de todo esto y acababa de ver que Mya no estaba. Fui hacia él, feliz, a preguntarle si Mya ya vivía en Ocala.
Así es cómo me enteré yo de la cruda verdad... así, ahora soy consciente de que, incluso en un refugio de perros donde se les salva la vida y se les cuida tanto, pueden ocurrir estas cosas. Hay vidas de perro que no valen nada, que generan más gastos y más quebraderos de cabeza de los necesarios. Vidas de perro que importan poco en general o importan sólo a pocas personas.
A Ciro se le empañaban los ojos contándome esta historia. Y yo, este fin de semana, echo mucho, mucho de menos acariciar a Mya.
Elegí esta asociación porque es lo más parecido posible a un albergue canino. No existe, según sus estatutos, la eutanasia como control de población pero, por tanto, no aceptan a todos los perros. Para poder entregar voluntariamente a tu perro, has de pedir cita y ellos deciden si se lo quedan o no. Si hay espacio, suele ser bienvenido. Si no tienen en ese momento espacio, dan al dueño un listado de otros posibles refugios para que pregunte allí.
Es muy triste ver cómo la gente da a sus perros. Una señora de unos 70 años, el otro día quiso dejar a su perrita temblorosa allí porque "ladraba mucho". Al advertirle de que tenía que haber pedido cita y que tendría que volver otro día, se lamentó porque "tenía decidido que ya no volviese a casa". Lo que le pasó aquel día a esa perrilla, nunca lo sabré.
A pesar de que en la Humane Society tratan a los perros muy bien, tienen sus habitaciones limpias, con aire acondicionado y comida abundante, no deja de ser un refugio de animales sin hogar. A lo largo de estos tres últimos meses, la rotación ha sido increíble; hay -por suerte- muchas adopciones cada semana y muy pocos perros de los que conocí al principio siguen estando allí, esperando a ser adoptados.
Estos perros a los que nadie quiere, terminan siendo los favoritos de los voluntarios que, como yo, intentan darles más cariño sabiendo que es difícil que una familia se encapriche de ellos ese día.
Yo tenía una clara favorita: Mya. Cruce de Pitbull con Bull Terrier de unos dos años de edad, esa perra era pura energía. Al verme, daba saltos de más de un metro de alto con las cuatro patas, como si tuviese muelles en las almohadillas. Sabía sentarse, tumbarse y te daba la patita. Derrochaba amor por los cuatro costados y yo la regañaba: "Mya, eres muy bestia, así no te van a adoptar". No era consciente de su fuerza y podía llegar a hacer daño cuando su único propósito era llegar a besarte una oreja.
Mya necesitaba, urgentemente, un jardín. Yo era una de las pocas voluntarias que se atrevía a sacarla de paseo: tiraba mucho y se enfrentaba a todos los perros que, tras los cristales, la ladraban. Llegar al recinto cerrado donde la podía soltar al aire libre era una pequeña odisea. Mya era una perra poderosa.
En el parque, cerrado sólo para ella porque se llevaba muy mal con otros perros, no paraba de correr, perseguir muñecos y traerme la pelota. Mya necesitaba correr y desfogarse. Cuando caminábamos de vuelta hacia su habitación, Mya iba ya tranquila, desahogada, sin tirar de la correa.
Ciro, un voluntario que lleva muchísimos años en el centro, me comentó un día que estaba intentando encontrar casa a Mya. Las necesidades eran muy específicas: tendría que ser una casa con jardín vallado, sin ningún otro perro en la familia y un dueño deportista que la hiciese correr. No era fácil, pero parece ser que Ciro tenía una familia candidata en Ocala (a unos 400 km de Miami) y estaba ya moviendo los papeles para el traslado.
Pero, la semana pasada, ocurrió algo terrible. Alguien sacó al parque a Mya pero dejó, por error, la entrada al recinto sin cerrar. Y, un rato después, otra voluntaria sacó a Gorda -un cruce de pastor- al recinto de al lado. Mya no lo pensó dos veces y salió disparada a atacar a Gorda, que se defendía como podía, pero Mya tenía todas las de ganar: mucho instinto, mucha fuerza y una gran mandíbula.
Las separaron antes de que hubiese graves consecuencias y las llevaron al veterinario. A Gorda, para curarle las heridas del cuello. A Mya, para ponerle la inyección letal.
Ciro, antes de que tomasen tan drástica decisión, intentó frenarles. Mya no había atacado jamás a un ser humano y el hecho de que atacase a otros perros no era nada nuevo. Muchos perros son agresivos con sus congéneres, sin que esto suponga un gran problema a la hora de ser adoptados. Y Mya estaba a punto de ir a una casa donde sería feliz.
Pero no pudo ser. La Dirección del centro tomó la decisión de matar a Mya. Muerto el perro, se acabó la rabia. Y a Ciro le dijeron que lo viese desde el lado positivo, que Mya ahora estará dando brincos en el cielo, libre, como ella quería.
Yo hubiese preferido que Mya diese brincos en Ocala.
Ciro les dijo que no volvería por el refugio, que le habían decepcionado. Pero luego pensó en los perros -en todos los que allí están ahora- y volvió a pasarse a ayudar el sábado por la mañana. Allí me lo encontré yo, que aún no sabía nada de todo esto y acababa de ver que Mya no estaba. Fui hacia él, feliz, a preguntarle si Mya ya vivía en Ocala.
Así es cómo me enteré yo de la cruda verdad... así, ahora soy consciente de que, incluso en un refugio de perros donde se les salva la vida y se les cuida tanto, pueden ocurrir estas cosas. Hay vidas de perro que no valen nada, que generan más gastos y más quebraderos de cabeza de los necesarios. Vidas de perro que importan poco en general o importan sólo a pocas personas.
A Ciro se le empañaban los ojos contándome esta historia. Y yo, este fin de semana, echo mucho, mucho de menos acariciar a Mya.
lunes, 3 de marzo de 2014
"Bullying" contra el Pit Bull
El Pit Bull es una raza de perro de la que no es fácil escribir. Primero, porque su nombre es sinónimo de prejuicios. Es el "perro asesino", el "mataniños", el "perro de pelea". A mayor ignorancia sobre la raza, peores serán los adjetivos.
Pero, escribiendo sobre el Pit Bull, también corro un riesgo mayor: que, digas lo que digas, aparecerá el ataque directo de los acérrimos defensores de la raza. Su perro favorito ha sido atacado durante los últimos quince años, lo que provoca que muchos hayan llegado al estado paranoide que lleva a defender lo indefendible: "Pit Bull ataca a bebé de seis meses" = "Algo habrá hecho el niño".
Sí, hablar del Pit Bull es tan controvertido en las redes como hablar de la lactancia materna o del Islam. Y, como en toda polémica online, el verdadero protagonista es el desconocimiento sobre lo que se está hablando.
Para empezar, el Pit Bull es una raza que, para muchos, no existe. No está reconocida por la Federación Cinológica Internacional, ni por el American Kennel Club. Para ellos, las razas que sí existen son el American Staffordshire Terrier y el Staffordshire Bull Terrier. Siento decepcionar a los entendidos, pero reconozco que yo no siempre sé diferenciar uno de otro cuando los veo -los veía- en el parque. Ante la duda, prefiero preguntar al dueño, para evitar que se me enfaden. A estos perros y a sus cruces y variantes, el españolito medio los llama Pit Bull.
Sin embargo, el Pit Bull, el verdadero Pit Bull, es el Americano: American Pit Bull Terrier (APBT). Tiene su propio estándar, pero -como no está reconocido por las principales entidades- no participa en sus concursos de belleza. Ni falta que les hace, porque el Pit Bull defiende un estándar, a través de su Asociación de Criadores (A.D.B.A), que da más valor al comportamiento, personalidad y capacidad de trabajo, que a la estética en sí misma.
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| APBT - American Pit Bull Terrier |
Hay muchas, muchas teorías sobre el origen de la raza American Pit Bull Terrier. El Presidente de la Federación Internacional del APBT, Mariano Peinado, sostiene que este perro es la evolución de los Alanos Españoles que llegaron en los barcos cuando se colonizó América. También se dice que la raza procede de la llegada de perros de Gran Bretaña, en su mayoría Bulldogs (nada que ver con el Bulldog Inglés de hoy en día, me refiero a los Bulldogs de antes... los que podían respirar). La verdad es que hay varias versiones de sus orígenes pero nadie debate sobre eso. Lo que todo el mundo conoce del pasado de este perro es que se usaba para pelear.
Desde los romanos -que, en mi opinión, se caracterizaron por ser un pelín sádicos- las peleas entre animales han sido siempre un espectáculo. Eran un pueblo curioso: "vamos a ver qué pasa si metemos a un perro y un toro en el coliseum"... "vamos a ver quién gana, si el león o el preso"....
En Inglaterra, también quisieron entretenerse viendo cómo se peleaban osos y jabalíes contra perros. En Londres, se puso de moda atar por los cuartos traseros a osos y a toros y soltar a Bulldogs que les atacaban y, en muchos casos, perdían la vida en ello. Esto era legal, igual que lo es a día de hoy una corrida de toros o un encierro.
Los ingleses, en el siglo XVIII, llegaron a la conclusión de que ver volar a perros a las gradas por cornadas de toros no era tan divertido como les pareció en un primer momento. Pero eso no significó que no siguieran haciéndose peleas de perros en la clandestinidad.
Pero no sólo los romanos y los ingleses dedicaron tiempo, y dinero, a este "hobby". En México, Argentina, Pakistán, España, China, Japón, Holanda, y en los territorios de la antigua Unión Soviética y el Cáucaso, existe una gran tradición en cuanto a peleas de perros. Rusia no las prohibió por ley hasta 2001, por lo que este pasado para muchos perros, no es tan lejano.
¿Y sólo peleaban Pit Bull? Por supuesto que no. El Rottweiler, el Dogo Argentino, el Sharpei, el Mastín Napolitano, el Mastín Español, el Tosa Inu y muchas otras razas -incluso aquellas que no tienen ni tuvieron nunca cualidades para pelear- se han metido en un ring y animado a matarse contra sus congéneres.
Pero el Pit Bull, que ya había demostrado su valía para sacar carbón de las minas, para matar ratas y para caza mayor, entre otros trabajos que se le encomendaban allá por el siglo XIX, demostró ser un excelente perro de pelea. Resistente, persistente, fuerte, fiel a su dueño, obediente, inteligente. Y eso provocó que el ser humano lo corrompiera, lo utilizara contra su naturaleza, lo animara a pelear hasta matarse. Con esto, quiero decir que el APBT no fue un perro creado para pelear. Era un perro que ya existía de antes, y algunas líneas de cría fueron, durante años, tristemente potenciadas para ser más resistentes, más fuertes, más agresivas de lo normal.
A día de hoy, el APBT es un perro que, como he dicho, no se juzga por su belleza, aunque hay un estándar que se debe seguir para mantener la raza. Se juzga su "gameness" que se podría traducir como "coraje". Y aquí es donde el camino se bifurca: los buenos Criadores de APBT buscan que sus perros tengan coraje para desarrollar toda aquella actividad que su dueño le ordene, independientemente de su dificultad. Y, como ejemplo, podríamos poner pruebas de agilidad, cacería de jabalíes, rescate de personas, etc. Para los que no aman a los animales y se siguen dedicando a promover que su perro se mate matando, el gameness es la capacidad para aguantar en una pelea hasta morir.
¿Y por qué os cuento todo esto? Yo no soy ni defensora ni retractora de esta raza. Ni del American Staffordshire ni del Staffordshire Terrier, que tanto se le parecen. No es un perro que yo me compraría, al igual que no tengo especial interés en tener un Husky Siberiano o, qué se yo, un Chow Chow. Pero me gustan todos los perros, en general, y he conocido algunos ejemplares de todas estas razas simplemente geniales. Sin embargo, las estadísticas -que son sólo estadísticas- nos dicen que, desde hace siete años, el APBT tiene el dudoso honor de estar el primero de la lista en número de ataques mortales denunciados en Estados Unidos.
Los números están ahí, pero Wikipedia te da la descripción detallada de todos los casos, y la mayoría de las historias son tristemente previsibles. Perros atados permanentemente a una cadena que atacan al primer ser humano que se acerca. Bebés que gatean hasta una madre protectora con sus cachorros. niños que quisieron jugar a "cabalgar" sobre el Pit Bull de su tía. No quiero decir que sea "normal" que el Pit Bull haya matado al niño en estas circunstancias, lo que quiero decir es que son situaciones en las que un perro, cualquier perro, si no es un animal equilibrado, puede llegar a atacar.
He estado pensando mucho en los pobres Pit Bull porque esta semana me he enterado de que en el condado donde yo vivo -Miami Dade, FL- no me permitirían tener uno en caso de quererlo, está penado por ley. Si tienes uno -o cualquiera de sus "primos"- y te denuncia tu vecino, te ponen una multa de 500 dólares, te dan 24 horas para deshacerte del perro (o mudarte tú a otro condado) y al vecino se le otorga una recompensa. Esto ha provocado una "caza de brujas" contra esta raza y una total demonización de la misma. Para quien es ignorante, si la ley ampara esta ignorancia, apaga y vámonos. He leído que incluso Obama condena esta legislación racista, pero la prohibición data de 1989 y no hay, por el momento, vuelta atrás, lo cual me parece una lacra de esta sociedad.
En España, la ley contra las Razas Potencialmente Peligrosas ya me parece injusta: generalizar nunca es la mejor opción y, ante el miedo que pueda existir a estos perros "poderosos", yo como mucho obligaría a tener un seguro que cubra posibles daños a terceros. Lo que pueda hacer un animal, depende tanto -o más- de su dueño como de sus propios factores genéticos. Rottweiler perfectamente adiestrado Vs Pastor Alemán descontrolado, ¿quién entraña un peligro peor?
El Pit Bull es un perro de plastilina: puedes moldearlo y hacer de él lo que quieras que sea. Si lo educas para cazar, será un cazador incansable. Si lo educas para que sea un perro familiar, demostrará una paciencia infinita con los niños. Si lo educas para proteger tu casa, la defenderá con su vida. Si lo educas para hacerte compañía, será tu amigo fiel que no se moverá de tu lado. No todos los perros tienen esa plasticidad, pero el APBT es un perro todoterreno.
Pero claro, volvemos a lo de siempre: Para todo eso, hay que educarlo.
jueves, 13 de febrero de 2014
Robados
Hace unos ocho meses, escribí, en este mismo blog, un post llamado Con "C" mayúscula. No sé si lo recordaréis, la "C" era para aquellos criadores que conocí en la Expo Internacional Canina de Madrid, esas personas que dedican su vida entera al mantenimiento y mejora de determinadas razas de perro que, si no fuese por ellos, se extinguirían. Ese post lo dediqué a aquellas personas porque gracias a ellas, mi sobrino pequeñajo pudo dar de comer una galleta a un Perro Lobo Checoslovaco (el "lobo-perro", como lo llama él) o acariciar a un Gran Danés dos palmos más alto que él.
Entre esos Criadores de corazón, estaba Carlos, que cría Mastín Español con el afijo Valle del Pisueña, en Santander. También hablaba de él en mi post. Y, hoy, Carlos me ha pedido que vuelva a escribir sobre él en mi blog, pero por una razón muy diferente.
La semana pasada, algún indeseable se coló en su finca, a pesar de tener una valla de 2 metros de alto, y se llevó a dos de sus cachorros de 8 meses, un macho y una hembra: "Tigrín" y "Tigrina".
¿Y quien puede querer robar una pareja de Mastines? pues sólo hay dos opciones: o un ladrón caprichoso de esta raza que no está dispuesto a pagar los 1.200 euros que cuesta cada cachorro, o bien un pseudocriador que conoce este afijo y sabe que esos cachorros son una buena forma (y rentable) de empezar a criar. Carlos sospecha que quien se los ha robado, pretende hacer negocio con ellos.
En Mayo, Carlos me impresionó por la honestidad que reflejaba cuando me decía que él no vendía a cualquiera uno de sus perros. Él tenía que comprobar personalmente que el perro estaría bien atendido y tendría el espacio que necesitaba. Imaginad su angustia ahora, al no saber dónde se encuentran sus cachorros, ni cómo estarán, ni quién los tendrá, ni si estarán juntos o separados.
Lo ha denunciado a la policía, por supuesto. Y también ha dado aviso al aeropuerto, a MRW, al Colegio de Veterinarios, lo ha publicado en redes sociales, me ha avisado a mi... los cachorros tenían chip, así que -en caso de quedarse en España- en el momento en el que los llevasen al veterinario, debería delatarse al ladrón.
No es la primera vez que le pasa. Hace cuatro años, también sufrió otro robo. Y en la Exposición hablé con una familia que, a modo de hobby, criaban Caniches gigantes. Habían estado muchos años sin hacerlo porque ellos antes criaban Pomerania pero, un buen día, les robaron a sus perros en el patio de su casa. Y se les quitaron las ganas de criar durante bastante tiempo. Tiene que ser muy frustrante, no sólo te están robando el fruto de tu esfuerzo, de tus madrugones, de tu estudio, de tus viajes por carretera. No sólo te están robando algo que, además, tiene un valor en el mercado. Es que te están robando el corazón, seres vivos que son tuyos, que te quieren y los quieres y que forman parte de tu familia.
Carlos lanzó el otro día un mensaje en Facebook que lo resume todo: "Por favor, si alguien los ve o el que me los robó tiene un poco de corazón, que me los devuelva por mi hijo, que tiene 7 años y fue él quien los crió. Y, desde que los robaron, no tenemos consuelo para él. "
Dicho está, Carlos. Ojalá los recuperes... estoy segura de que están mejor en tu casa que en ningún otro lugar.
Entre esos Criadores de corazón, estaba Carlos, que cría Mastín Español con el afijo Valle del Pisueña, en Santander. También hablaba de él en mi post. Y, hoy, Carlos me ha pedido que vuelva a escribir sobre él en mi blog, pero por una razón muy diferente.
La semana pasada, algún indeseable se coló en su finca, a pesar de tener una valla de 2 metros de alto, y se llevó a dos de sus cachorros de 8 meses, un macho y una hembra: "Tigrín" y "Tigrina".
![]() |
| Tigrín y Tigrina, los cachorros robados |
¿Y quien puede querer robar una pareja de Mastines? pues sólo hay dos opciones: o un ladrón caprichoso de esta raza que no está dispuesto a pagar los 1.200 euros que cuesta cada cachorro, o bien un pseudocriador que conoce este afijo y sabe que esos cachorros son una buena forma (y rentable) de empezar a criar. Carlos sospecha que quien se los ha robado, pretende hacer negocio con ellos.
En Mayo, Carlos me impresionó por la honestidad que reflejaba cuando me decía que él no vendía a cualquiera uno de sus perros. Él tenía que comprobar personalmente que el perro estaría bien atendido y tendría el espacio que necesitaba. Imaginad su angustia ahora, al no saber dónde se encuentran sus cachorros, ni cómo estarán, ni quién los tendrá, ni si estarán juntos o separados.
Lo ha denunciado a la policía, por supuesto. Y también ha dado aviso al aeropuerto, a MRW, al Colegio de Veterinarios, lo ha publicado en redes sociales, me ha avisado a mi... los cachorros tenían chip, así que -en caso de quedarse en España- en el momento en el que los llevasen al veterinario, debería delatarse al ladrón.
No es la primera vez que le pasa. Hace cuatro años, también sufrió otro robo. Y en la Exposición hablé con una familia que, a modo de hobby, criaban Caniches gigantes. Habían estado muchos años sin hacerlo porque ellos antes criaban Pomerania pero, un buen día, les robaron a sus perros en el patio de su casa. Y se les quitaron las ganas de criar durante bastante tiempo. Tiene que ser muy frustrante, no sólo te están robando el fruto de tu esfuerzo, de tus madrugones, de tu estudio, de tus viajes por carretera. No sólo te están robando algo que, además, tiene un valor en el mercado. Es que te están robando el corazón, seres vivos que son tuyos, que te quieren y los quieres y que forman parte de tu familia.
Carlos lanzó el otro día un mensaje en Facebook que lo resume todo: "Por favor, si alguien los ve o el que me los robó tiene un poco de corazón, que me los devuelva por mi hijo, que tiene 7 años y fue él quien los crió. Y, desde que los robaron, no tenemos consuelo para él. "
Dicho está, Carlos. Ojalá los recuperes... estoy segura de que están mejor en tu casa que en ningún otro lugar.
martes, 4 de febrero de 2014
¿Os gusta el blog?
Hola a todos,
Esta vez escribo para contaros que he escrito Ladrando al Mundo en el Concurso de Blogs de 20 Minutos 2014.
Si os gusta leerlo, os agradecería que lo votáseis y difundiéseis entre vuestros amigos... el premio va en función de los votos conseguidos a través de redes sociales y contactos. Y, aunque está muy difícil, nada es imposible :)
Os dejo el link... tenéis que registraros y, después, votar!
Mil gracias por adelantado!
http://lablogoteca.20minutos.es/ladrando-al-mundo-42460/0/
Esta vez escribo para contaros que he escrito Ladrando al Mundo en el Concurso de Blogs de 20 Minutos 2014.
Si os gusta leerlo, os agradecería que lo votáseis y difundiéseis entre vuestros amigos... el premio va en función de los votos conseguidos a través de redes sociales y contactos. Y, aunque está muy difícil, nada es imposible :)
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Mil gracias por adelantado!
http://lablogoteca.20minutos.es/ladrando-al-mundo-42460/0/
miércoles, 29 de enero de 2014
Nostalgia canina
Una de las (escasas) desventajas de haberme ido del país es haberme visto obligada a, espero que de forma temporal, separarme de mi familia... y de mis perras. El simple hecho de acordarme de ellas, me provoca una tristeza mortal e, incluso sabiendo que están perfectamente cuidadas y recibiendo noticias de ellas a todas horas, tengo la certeza de que mi vida ahora -por primera vez sin un perro a mi lado en 20 años- es, en ese sentido, infinitamente peor de lo que era antes.
Echo de menos abrazarlas, jugar con ellas, darles su medicación, cuidarlas, limpiarles las orejas, meterlas en la bañera, darles de comer, salir juntas de paseo, dormir la siesta en el mismo sofá.... Sin embargo, no es una nostalgia correspondida: mis perras no dan muestra alguna de estar echándome de menos. Ni siquiera Prechel, que es mi niña bonita. Las únicas demostraciones de depresión canina que podría identificar en ella -la inapetencia y la necesidad de más horas de sueño- son también síntomas de su vejez (hoy ha cumplido 12 años), por lo que no podría asegurar que yo tenga algo que ver con eso. Además, la bienvenida que me dieron cuando me reencontré con ellas después de una primera ausencia de dos meses, fue la misma que la que me darían si no me hubiesen visto en un breve fin de semana.
Pero, ¿por qué hay perros que sufren la ausencia de sus dueños y a otros les da exactamente igual? He estado intentando averiguar la respuesta leyendo sobre el tema pero no he conseguido sacar ninguna conclusión científica. Para empezar, los expertos ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la percepción del tiempo que tienen los perros, aunque me quedo con la teoría de Rehn y Kiling que, en 2011, llegaron a la conclusión de que, después de 2 horas, los perros recibían a sus dueños con mayor intensidad que cuando sólo se ausentaban media hora. Y, sin embargo, no apreciaron ninguna diferencia entre el saludo que un perro hacía tras estar 2 horas y 4 horas solo. Es decir, puede que los perros sientan la diferencia entre estar solos 30 minutos y 2 horas pero, después de 2 horas, su percepción del tiempo no está clara en absoluto.
Aún así, esta teoría no me convence. Estoy harta de ver en YouTube videos de perros que saltan, aúllan y se comen a besos a sus dueños recién llegados de Afganistán, así que he sacado mis propias conclusiones.
Desde mi punto de vista, cuanto más territorial y protector es un perro, más te echará de menos. Y, por el contrario, los perros con mentalidad más flexible y más amigables con extraños, se adaptarán rápidamente a su vida sin ti sin mayor complicación.
Mi anterior perro, Mino, cruce de perro de caza extremadamente celoso de todo lo que era suyo, nos "contaba" cada noche y, si faltábamos alguno, se tumbaba en la puerta, bien alerta, a esperar tu llegada. Estoy segura de que si Mino viviese, ahora mismo estaría sufriendo amargamente mi ausencia. Sin embargo, mis perras -Labradores- se adaptan con total facilidad a su vida en el lugar que sea y con quien sea. Si están con sus dueños, bien. Si no, también bien.
En YouTube, los perros que mejores recibimientos hacen son de tipo Terrier, o Molosos, o Collies, razas que suelen estar muy apegadas a sus dueños. Pero esto no se cumple en todos los casos... supongo que no dependerá tanto de la raza como de la propia personalidad de cada perro. Y, por supuesto, también estoy segura de que depende en gran parte del comportamiento de su dueño: a mayor excitación de los humanos que le rodean, mayor ansiedad en el animal.
Echo de menos abrazarlas, jugar con ellas, darles su medicación, cuidarlas, limpiarles las orejas, meterlas en la bañera, darles de comer, salir juntas de paseo, dormir la siesta en el mismo sofá.... Sin embargo, no es una nostalgia correspondida: mis perras no dan muestra alguna de estar echándome de menos. Ni siquiera Prechel, que es mi niña bonita. Las únicas demostraciones de depresión canina que podría identificar en ella -la inapetencia y la necesidad de más horas de sueño- son también síntomas de su vejez (hoy ha cumplido 12 años), por lo que no podría asegurar que yo tenga algo que ver con eso. Además, la bienvenida que me dieron cuando me reencontré con ellas después de una primera ausencia de dos meses, fue la misma que la que me darían si no me hubiesen visto en un breve fin de semana.
Pero, ¿por qué hay perros que sufren la ausencia de sus dueños y a otros les da exactamente igual? He estado intentando averiguar la respuesta leyendo sobre el tema pero no he conseguido sacar ninguna conclusión científica. Para empezar, los expertos ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la percepción del tiempo que tienen los perros, aunque me quedo con la teoría de Rehn y Kiling que, en 2011, llegaron a la conclusión de que, después de 2 horas, los perros recibían a sus dueños con mayor intensidad que cuando sólo se ausentaban media hora. Y, sin embargo, no apreciaron ninguna diferencia entre el saludo que un perro hacía tras estar 2 horas y 4 horas solo. Es decir, puede que los perros sientan la diferencia entre estar solos 30 minutos y 2 horas pero, después de 2 horas, su percepción del tiempo no está clara en absoluto.
Aún así, esta teoría no me convence. Estoy harta de ver en YouTube videos de perros que saltan, aúllan y se comen a besos a sus dueños recién llegados de Afganistán, así que he sacado mis propias conclusiones.
Desde mi punto de vista, cuanto más territorial y protector es un perro, más te echará de menos. Y, por el contrario, los perros con mentalidad más flexible y más amigables con extraños, se adaptarán rápidamente a su vida sin ti sin mayor complicación.
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| Remix de reencuentros en YouTube |
En YouTube, los perros que mejores recibimientos hacen son de tipo Terrier, o Molosos, o Collies, razas que suelen estar muy apegadas a sus dueños. Pero esto no se cumple en todos los casos... supongo que no dependerá tanto de la raza como de la propia personalidad de cada perro. Y, por supuesto, también estoy segura de que depende en gran parte del comportamiento de su dueño: a mayor excitación de los humanos que le rodean, mayor ansiedad en el animal.
Pero cada caso es un mundo, y definitivamente hay perros que están más apegados a sus dueños que otros. Algunos sufren ansiedad por separación cada vez que su amo sale por la puerta, y otros esperan, sin ningún estrés, a que vuelva. Y, a mayor apego, mayor sufrimiento por parte del perro, así que, definitivamente, me consuela muchísimo el hecho de que mis perras no me echen de menos al mismo nivel que yo a ellas.
| Prechel y yo, verano 2013 |
sábado, 18 de enero de 2014
Perros que conducen
Hacía mucho, mucho tiempo, que un anuncio no me hacía soltar una carcajada. Pero hoy Subaru lo ha conseguido con este spot:
Subaru - what's the fuss?
Buscando en internet, me entero de que esta campaña -Dog Tested. Dog Approved.- lleva ya tres años emitiendo distintas versiones -todas relacionando el coche con los perros- en Estados Unidos, consiguiendo así un posicionamiento diferenciador como "el coche de los perros", cosa que aquí -con toda la competencia que hay- no es nada, nada fácil.Subaru - what's the fuss?
Hay muchísimas versiones diferentes de perros que van a la playa, a esquiar, de camping, a la gasolinera.... Podéis encontrarlas todas en YouTube... pero aquí os dejo otras dos que están entre mis favoritas:
¡Feliz fin de semana!
domingo, 15 de diciembre de 2013
Sin rencores
En Miami, EE.UU., la noche de Acción de Gracias, una chica paraba su coche para salvar a un perrito abandonado en la calzada. Dice que paró a recogerlo para evitar que lo atropellaran pero, cuando se acercó, se dio cuenta de que ya estaba malherido. Sin embargo, este perro tuvo mucha suerte, porque su rescatadora era veterinaria. Así que se lo llevó inmediatamente a la clínica donde trabajaba y le operaron de la pata fracturada en seguida. Una semana después, salían en las noticias locales para contar que el perrillo se estaba recuperando bien, que era muy tímido, que le habían llamado Turkey en honor al pavo de Acción de Gracias y que, a pesar de que le faltaba aún pasar por otra operación (de la que se harían cargo ellos), buscaban adoptante para que el pequeño pudiese recuperarse en casa, con una familia.
En Oviedo, España, en el Puente de la Constitución, una perra abandonada fue encontrada por unos chavales en la calle. A pesar de tener una pata rota, la perra, a quien llamaron Grifa, se los ganó con su dulzura, y el grupo de amigos decidió recaudar fondos para poder operarla. El vídeo lo dice todo:
http://www.hoy.es/videos/mas-noticias/nacional/2920411466001-grupo-ninos-consiguen-salvar-perro-atropellado.html
Para un perro, cómo cambia la historia según se cruce en su vida con una persona u otra... En ambos casos, estos animales han conocido las dos caras del ser humano. La cara del maltrato, del abandono y de la crueldad. A ambos lados del Atlántico, hubo alguien capaz de no parar el coche a pesar de haber atropellado a un perro. Hubo alguien capaz de partirle varios huesos a un animal a palos. Pero, después, también ha sido el ser humano quien les ha rescatado, curado y cuidado. Hubo una persona a quien no le importó ensuciar su coche de sangre para meter al perrito atropellado dentro. Y ese grupo de chicos está poniendo sus ahorros en una hucha para conseguir recaudar el dinero suficiente para que la perra se ponga bien.
Solemos decir que, rescatando a un perro, le damos una segunda oportunidad... Pero, muchas veces, son ellos los que nos la dan a nosotros. Pasan página, olvidan de lo que es capaz el ser humano y vuelven a confiar. Para el hombre, ese comportamiento no es tan común. De hecho, ahora que Nelson Mandela nos ha dejado, todo el mundo resalta que su capacidad para perdonar era lo que hacía de él un hombre asombroso. El ser humano tiene tanto rencor acumulado dentro que, a quien consiguió librarse de ello, le dieron un Nobel de la Paz.
En Oviedo, España, en el Puente de la Constitución, una perra abandonada fue encontrada por unos chavales en la calle. A pesar de tener una pata rota, la perra, a quien llamaron Grifa, se los ganó con su dulzura, y el grupo de amigos decidió recaudar fondos para poder operarla. El vídeo lo dice todo:
http://www.hoy.es/videos/mas-noticias/nacional/2920411466001-grupo-ninos-consiguen-salvar-perro-atropellado.html
![]() |
| Grifa, con sus rescatadores |
Solemos decir que, rescatando a un perro, le damos una segunda oportunidad... Pero, muchas veces, son ellos los que nos la dan a nosotros. Pasan página, olvidan de lo que es capaz el ser humano y vuelven a confiar. Para el hombre, ese comportamiento no es tan común. De hecho, ahora que Nelson Mandela nos ha dejado, todo el mundo resalta que su capacidad para perdonar era lo que hacía de él un hombre asombroso. El ser humano tiene tanto rencor acumulado dentro que, a quien consiguió librarse de ello, le dieron un Nobel de la Paz.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Un poco "too much"
Como algunos ya sabéis, he cruzado el charco y escribo ahora este blog desde Miami, EE.UU., por lo que se presenta un nuevo periodo de experiencias relacionadas con los perros que dicen Woof en vez de con los que dicen Guau.
Mientras me adapto al nuevo entorno y pienso en nuevos proyectos relacionados con los perros por estos lares, sigo sorprendiéndome del afecto que se tiene aquí a los animales y el respeto que, en muchos lugares, se les demuestra. El día que fui a abrir una cuenta en un banco, me sorprendió ver un cacharro de agua y galletas preparados en la puerta por si entraba algún cliente canino, pero ya me he dado cuenta de que es la norma en muchos otros comercios. Los perros son bienvenidos en muchos de ellos, y es fácil ver dentro de un carro de la compra a un perrillo mientras su dueño compra sus cosas en una gran superficie.
Además, aunque no he profundizado lo suficiente, he visto accesorios que en España, que yo sepa, no existen. Ambos, además, los he visto en una tienda de artículos para el hogar, ni siquiera en una tienda para mascotas....
Tengo verdadera curiosidad por saber si la Thunder Shirt es una auténtica estafa o realmente a alguien le ha funcionado. Según sus instrucciones, se trata de una especie de camiseta que hace presión sobre el cuerpo del perro y alivia así su ansiedad por separación. Sinceramente, dudo mucho que poniéndole una faja a tu perro vaya a sentirse mejor en tu ausencia, pero ahí está, a la venta en todas las tallas... ¡quién sabe!
El otro artículo curioso es el Dog Potty: un pedacito de césped en tu salón para enseñar a tu perro a hacer pis en el jardín... Viene a ser exactamente igual de eficaz que el papel de periódico de toda la vida pero este, quizá, sea más estético. Viene con recambios y también se pueden comprar por separado, supongo que funciona de una forma parecida a la caja de arena de los gatos.
El mundo del perro es, como tantas otras cosas, un filón para el marketing y empresas relacionadas con ellos. A mi me parece perfecto que se pueda encontrar absolutamente de todo, que haya hospitales veterinarios en cada barrio, playas donde se les admite... pero no olvidemos que esto, para mucha gente, no deja de ser un negocio. En este país, las empresas de venta de muebles para mascotas (camas, sofás, sillas, almohadas...), las pastelerías para perros y las boutiques de moda canina se han hecho un hueco y no parece que les vaya mal.
¿Es demasiado? Puede... pero, desde mi punto de vista, es mejor que sobre a no que falte.
| TD Bank - el banco que da galletitas |
Además, aunque no he profundizado lo suficiente, he visto accesorios que en España, que yo sepa, no existen. Ambos, además, los he visto en una tienda de artículos para el hogar, ni siquiera en una tienda para mascotas....
| Thunder shirt |
El otro artículo curioso es el Dog Potty: un pedacito de césped en tu salón para enseñar a tu perro a hacer pis en el jardín... Viene a ser exactamente igual de eficaz que el papel de periódico de toda la vida pero este, quizá, sea más estético. Viene con recambios y también se pueden comprar por separado, supongo que funciona de una forma parecida a la caja de arena de los gatos.
| Dog Potty |
El mundo del perro es, como tantas otras cosas, un filón para el marketing y empresas relacionadas con ellos. A mi me parece perfecto que se pueda encontrar absolutamente de todo, que haya hospitales veterinarios en cada barrio, playas donde se les admite... pero no olvidemos que esto, para mucha gente, no deja de ser un negocio. En este país, las empresas de venta de muebles para mascotas (camas, sofás, sillas, almohadas...), las pastelerías para perros y las boutiques de moda canina se han hecho un hueco y no parece que les vaya mal.
¿Es demasiado? Puede... pero, desde mi punto de vista, es mejor que sobre a no que falte.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Burocracia animal
Indignada me hallo hoy y por eso os escribo un post rapidito.
Resulta que un día, en frente de mi oficina, apareció una cachorra de Pastor Alemán (aunque yo juraría que era más bien un Pastor Holandés), de unos 8-10 meses, perfectamente limpia y nutrida, aunque delgada, pero sin collar, sin dueño y sin rumbo fijo.
Los guardas de seguridad del edificio en seguida la acogieron, ella era simpática y se dejaba tocar, estaba tranquila. Llamaron a la policía para que vinieran a ver si tenía chip pero uno de los guardas desde el principio se encariñó con ella y dijo que él se la quedaría si nadie la reclamaba. Le puso nombre (Kira), le hizo una correa con unos cables de teléfono, le compró una bolsa de picos de pan y le estuvo dando toda la mañana. En la oficina, más gente se interesó por la perra, era buena y muy bonita y más de uno se ofreció a llevarla a su casa.
Cuando llegó la policía, se demostró que, efectivamente, sí tenía chip. Se la llevaron y llamaron al dueño al teléfono de contacto, pero nadie contestó.
De esto hace ya 3 semanas, y el dueño sigue sin contestar al teléfono. El guarda de seguridad llama insistentemente a la perrera, ofreciéndose a sacar a Kira de ahí y acogerla, comprometiéndose a devolverla si el dueño apareciese. Pero no. Le han dicho que, si el dueño siguiese sin responder a la llamada, le mandarían un telegrama. Y, pasado un tiempo "prudencial", si no contestase tampoco al escrito, se publicaría un anuncio en el Boletín Oficial del Estado... el cuento de nunca acabar.
Y, mientras, Kira encerrada en una jaula de la perrera... pudiendo estar tumbada en un sofá.
¡¡¡¡Qué impotencia!!!!
Resulta que un día, en frente de mi oficina, apareció una cachorra de Pastor Alemán (aunque yo juraría que era más bien un Pastor Holandés), de unos 8-10 meses, perfectamente limpia y nutrida, aunque delgada, pero sin collar, sin dueño y sin rumbo fijo.
![]() |
| Pastor Holandés muy parecido a "Kira" |
Cuando llegó la policía, se demostró que, efectivamente, sí tenía chip. Se la llevaron y llamaron al dueño al teléfono de contacto, pero nadie contestó.
![]() |
| microchip como el que identifica a "Kira" |
De esto hace ya 3 semanas, y el dueño sigue sin contestar al teléfono. El guarda de seguridad llama insistentemente a la perrera, ofreciéndose a sacar a Kira de ahí y acogerla, comprometiéndose a devolverla si el dueño apareciese. Pero no. Le han dicho que, si el dueño siguiese sin responder a la llamada, le mandarían un telegrama. Y, pasado un tiempo "prudencial", si no contestase tampoco al escrito, se publicaría un anuncio en el Boletín Oficial del Estado... el cuento de nunca acabar.
Y, mientras, Kira encerrada en una jaula de la perrera... pudiendo estar tumbada en un sofá.
¡¡¡¡Qué impotencia!!!!
martes, 24 de septiembre de 2013
Mejor que Nana
Ni el capitán Garfio, ni los niños perdidos, ni Campanilla.
Mi personaje favorito de Peter Pan ha sido, desde siempre, Nana, ese perrazo
con cofia y delantal que recoge, una y otra vez, el cuarto de juegos de los
niños.
![]() |
| Nana, mejor actriz de reparto en Peter Pan |
El instinto de protección del perro (aunque en unos está más
acentuado que en otros) es algo innato hacia sus cachorros. Y, en un perro
equilibrado, la llegada de un bebé a casa es todo un acontecimiento.
Por un lado, quien llega es un nuevo líder, alguien que, a pesar de su tamaño, ya tiene
autoridad sobre él o, mejor dicho, la tendrá en cuanto empiecen ambos a
interactuar. Por otro, es un “cachorro” indefenso que necesita abrigo, alimento
y protección. El perro es plenamente consciente de todo eso e intentará ayudar,
desde su posición, en todo lo posible.
Todos hemos oído historias de perros que velan por niños
pequeños, que duermen bajo la cuna y avisan de si el bebé llora en mitad de la
noche, o no dejan acercarse a extraños si el niño duerme, o se quedan quietos a
su lado para que el pequeño dé sus primeros pasos sujetándose en ellos. Algunos
perros son como Nana, de infinita paciencia, y se dejan meter los dedos en los
ojos, las manos en la boca, que les agarren las patas y el rabo… con
resignación. Pero cuidado, no todos tienen tanto aguante y, es más, hay perros
que no disfrutan de la presencia de los niños en absoluto y huyen de sus
trastadas.
Generalizando mucho, los perros grandes suelen ser más
pacientes que los pequeños, pero esto no es una ciencia exacta y, aunque
genéticamente un Pastor Alemán está más predispuesto a defender a su amo a toda
costa que un Carlino, siempre hay excepciones, así que en este post no hablaré
de razas. Todos son perros e, independientemente de su pedigrí, pueden darnos
grandes lecciones de humanidad y saber hacer.
En Carolina del Sur, EE.UU., un perro mestizo llamado
Killian ha sido noticia la semana pasada. Sus dueños, Benjamin y Hope Jordan,
contrataron a una niñera de 22 años para cuidar de su hijo de 7 meses… sin
imaginar siquiera que esa mujer podría maltratar verbal y físicamente a su
niño. Killian, el perro, fue quien les avisó. Pasados cinco meses de la llegada de la
niñera a la casa, el perro fue volviéndose más agresivo hacia ella, le gruñía y
ladraba cuando entraba por las mañanas y automáticamente se ponía delante del
bebé. Los dueños, viendo que este comportamiento era anormal en su perro,
decidieron grabar a escondidas lo que pasaba en su casa y lo que descubrieron,
os podéis imaginar, no fue nada agradable.
El final, sin embargo, es feliz. El bebé está sano y salvo. La chica ha sido condenada a
cárcel (de 1 a 3 años) y aparece ya en su registro este abuso a menores para
que no pueda volver a trabajar en nada relacionado con ellos. Y los padres sonríen, aliviados y agradecidos a Killian, quien ha demostrado ser mejor niñera aún que Nana.
![]() |
| Killian, su dueño, su protegido y la monstruo de la niñera |
sábado, 7 de septiembre de 2013
Lo inexplicable
Antes de que suene el despertador, noto que Berta me mira fijamente, sentada al lado de la cama. Con las orejillas alerta, parece que lleva ahí siglos, tratando de despertarme telepáticamente. En cuanto abro un ojo, o aunque no lo haga, ella sabe que ya no duermo y empieza a mover el rabo, esperanzada, porque ya queda menos para desayunar. Ella desayuna a las 7, come a las 14 y cena a las 21 y te lo hace saber con tal exactitud que nos preguntamos si llevará reloj de pulsera.
Si estoy triste, Prechel no se despega de mi pierna. Creo que pretende que crea que, casualmente, le apetece estar ahí, bien pegadita a mi. Por si me hace falta un abrazo. Ella es especialista en eso, simplemente se queda quieta, sentada entre mis piernas, y se deja abrazar. Es un encanto y lo hace con todo el mundo: según entras por la puerta, ella evalúa si te hace falta su compañía y a qué nivel. Habría sido una perra de terapia fantástica.
Mino, que era más listo que el hambre, se tenía aprendido el camino que hacíamos todos los fines de semana para ir al campo. Vigilaba durante todo el trayecto que íbamos bien. Si salíamos de la carretera habitual, se ponía a ladrar y gimotear como un loco. Si volvíamos al camino, se callaba.
Carlota movía el rabo siempre que su dueño sonreía. Siempre, siempre, aunque no la estuviese hablando a ella ni haciendo caso, ni hablando de nada relacionado con ella. Pero si, en el transcurso de una conversación con cualquier interlocutor, él sonreía, ella también, a su manera.
Trufa aprendió a diferenciar los días laborables de los festivos y, mientras que, de lunes a viernes, se quedaba tranquilamente sola en casa sin protestar, no consentía que la dejasen sola mucho rato durante el fin de semana.
A Banda, sus dueños la dejaron en casa de unos familiares en Sevilla, desde donde pronto se escapó. A los pocos meses, apareció de nuevo en su casa de Madrid... nadie se explica cómo pudo hacerlo.
Sabemos que los perros tienen instintos pero, a veces, siguen sorprendiéndonos con actitudes o gestos inexplicables. O yo al menos, no consigo comprender cómo saben qué hora o qué día es, cómo perciben nuestros sentimientos ni cómo son más fiables en los caminos que un GPS. Por muchos miles de años que hayan permanecido a nuestro lado, siguen siendo una caja de sorpresas para el ser humano.
Se sigue investigando y avanzando en técnicas de detección de cáncer con perros. Según la revista médica British Medical Journal, los perros son capaces de oler el cáncer, aunque la enfermedad aún esté en su fase inicial. Ellos lo perciben, al igual que pueden adelantarse y avisar a su dueño de que va a sufrir un ataque epiléptico. También pueden notar cuándo va a ocurrir una catástrofe natural con antelación, como los pájaros y otros animales, lo cual puede salvar muchas vidas.
A pequeña escala, yo sigo sumando ejemplos de esa inteligencia canina que va más allá. Pequeños detalles que, a veces, te hacen pensar que ellos saben muchas más cosas que nosotros. O, al menos, que saben muchas más cosas de las que nosotros creemos.
Si estoy triste, Prechel no se despega de mi pierna. Creo que pretende que crea que, casualmente, le apetece estar ahí, bien pegadita a mi. Por si me hace falta un abrazo. Ella es especialista en eso, simplemente se queda quieta, sentada entre mis piernas, y se deja abrazar. Es un encanto y lo hace con todo el mundo: según entras por la puerta, ella evalúa si te hace falta su compañía y a qué nivel. Habría sido una perra de terapia fantástica.
Mino, que era más listo que el hambre, se tenía aprendido el camino que hacíamos todos los fines de semana para ir al campo. Vigilaba durante todo el trayecto que íbamos bien. Si salíamos de la carretera habitual, se ponía a ladrar y gimotear como un loco. Si volvíamos al camino, se callaba.
Carlota movía el rabo siempre que su dueño sonreía. Siempre, siempre, aunque no la estuviese hablando a ella ni haciendo caso, ni hablando de nada relacionado con ella. Pero si, en el transcurso de una conversación con cualquier interlocutor, él sonreía, ella también, a su manera.
Trufa aprendió a diferenciar los días laborables de los festivos y, mientras que, de lunes a viernes, se quedaba tranquilamente sola en casa sin protestar, no consentía que la dejasen sola mucho rato durante el fin de semana.
A Banda, sus dueños la dejaron en casa de unos familiares en Sevilla, desde donde pronto se escapó. A los pocos meses, apareció de nuevo en su casa de Madrid... nadie se explica cómo pudo hacerlo.
Sabemos que los perros tienen instintos pero, a veces, siguen sorprendiéndonos con actitudes o gestos inexplicables. O yo al menos, no consigo comprender cómo saben qué hora o qué día es, cómo perciben nuestros sentimientos ni cómo son más fiables en los caminos que un GPS. Por muchos miles de años que hayan permanecido a nuestro lado, siguen siendo una caja de sorpresas para el ser humano.
Se sigue investigando y avanzando en técnicas de detección de cáncer con perros. Según la revista médica British Medical Journal, los perros son capaces de oler el cáncer, aunque la enfermedad aún esté en su fase inicial. Ellos lo perciben, al igual que pueden adelantarse y avisar a su dueño de que va a sufrir un ataque epiléptico. También pueden notar cuándo va a ocurrir una catástrofe natural con antelación, como los pájaros y otros animales, lo cual puede salvar muchas vidas.
A pequeña escala, yo sigo sumando ejemplos de esa inteligencia canina que va más allá. Pequeños detalles que, a veces, te hacen pensar que ellos saben muchas más cosas que nosotros. O, al menos, que saben muchas más cosas de las que nosotros creemos.
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| Fotografía de EFICAN, terapia con perros |
domingo, 11 de agosto de 2013
¿Los perros ven la tele?
Cuando a Trufa, la perra de la infancia de mi amiga Elena, la dejaban sola en casa, se quedaba en el sillón, como una reina, viendo la tele. Bueno, no sé si la veía realmente, pero recuerdo que le dejaban la televisión puesta "para hacerle compañía". Siempre me pregunté si aquello valdría de algo o si Trufa no intentaría apagar algún día la tele dándole con su patita al mando a distancia.
A Sancha no le gustan los documentales. Se cabrea y ladra al televisor, indignada si unos patos interrumpen su siesta. Tampoco le gusta El encantador de perros, y ahí discrepamos porque a mi me encanta, así que yo le digo que se calle y ella me mira enfurruñada.
A Prechel y Berta la tele les da igual. Ni la miran. Supongo que son unas intelectuales.
En Estados Unidos, ahora han sacado un canal de TV para que los perros se entretengan en ausencia de sus amos. DogTV emite, ininterrumpidamente, una serie de imágenes donde predominan el rojo y el verde, los colores que mejor aprecian -según ellos, ya que sobre esto hay muchas teorías- los perros.
Su programación se compone de 3 bloques: el primero, de imágenes relajantes de paisajes y música chill out. http://youtu.be/nn4vD5eKKHE
El segundo, imágenes estimulantes donde se ve a perros corriendo detrás de pelotas o jugando entre ellos. http://youtu.be/NFaX2fIBg7k
Y, el tercero, son imágenes "educativas", donde se ven escenas cotidianas con perros que se portan fenomenal. http://youtu.be/YF63zxlnKMs
Por más que le doy vueltas, no le veo sentido a este canal que, además, es de pago. Si tuviese un perro nervioso, no me parecería mal dejarle con la música relajante del primer bloque de programación (aunque no hay gran diferencia entre eso y dejarle con los documentales de La2 o incluso con la radio puesta), pero sabiendo que se alternan las imágenes estimulantes con las relajantes, dejándole DogTV puesto a tu perro te arriesgas a que, cuando ya esté dormido, vea de pronto a dos perros jugar como locos y se vuelva a activar.
Pero el colmo del sinsentido es el tercer bloque: ¿realmente alguien cree que, porque su perro vea a otros perros comportarse bien, él va a aprender a hacerlo igual? ¡Ojalá fuese tan fácil! Yo, entonces, dejaría a Prechel con un DVD puesto de perros que tocan el piano y a Berta haciendo el aerobic de Jane Fonda.
Ya no saben qué inventar...
A Sancha no le gustan los documentales. Se cabrea y ladra al televisor, indignada si unos patos interrumpen su siesta. Tampoco le gusta El encantador de perros, y ahí discrepamos porque a mi me encanta, así que yo le digo que se calle y ella me mira enfurruñada.
A Prechel y Berta la tele les da igual. Ni la miran. Supongo que son unas intelectuales.
En Estados Unidos, ahora han sacado un canal de TV para que los perros se entretengan en ausencia de sus amos. DogTV emite, ininterrumpidamente, una serie de imágenes donde predominan el rojo y el verde, los colores que mejor aprecian -según ellos, ya que sobre esto hay muchas teorías- los perros.
Su programación se compone de 3 bloques: el primero, de imágenes relajantes de paisajes y música chill out. http://youtu.be/nn4vD5eKKHE
El segundo, imágenes estimulantes donde se ve a perros corriendo detrás de pelotas o jugando entre ellos. http://youtu.be/NFaX2fIBg7k
Y, el tercero, son imágenes "educativas", donde se ven escenas cotidianas con perros que se portan fenomenal. http://youtu.be/YF63zxlnKMs
Por más que le doy vueltas, no le veo sentido a este canal que, además, es de pago. Si tuviese un perro nervioso, no me parecería mal dejarle con la música relajante del primer bloque de programación (aunque no hay gran diferencia entre eso y dejarle con los documentales de La2 o incluso con la radio puesta), pero sabiendo que se alternan las imágenes estimulantes con las relajantes, dejándole DogTV puesto a tu perro te arriesgas a que, cuando ya esté dormido, vea de pronto a dos perros jugar como locos y se vuelva a activar.
Pero el colmo del sinsentido es el tercer bloque: ¿realmente alguien cree que, porque su perro vea a otros perros comportarse bien, él va a aprender a hacerlo igual? ¡Ojalá fuese tan fácil! Yo, entonces, dejaría a Prechel con un DVD puesto de perros que tocan el piano y a Berta haciendo el aerobic de Jane Fonda.
Ya no saben qué inventar...
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