Llevo más de tres meses siendo voluntaria de un refugio cercano a mi casa llamado Humane Society of Greater Miami. Para poder llevar puesta mi camiseta de voluntaria, tuve que pasar un curso teórico de formación de tres horas y, semanas más tarde, un curso de formación práctico de otra hora más donde me presentaron a los perros que allí vivían, uno a uno.
Elegí esta asociación porque es lo más parecido posible a un albergue canino. No existe, según sus estatutos, la eutanasia como control de población pero, por tanto, no aceptan a todos los perros. Para poder entregar voluntariamente a tu perro, has de pedir cita y ellos deciden si se lo quedan o no. Si hay espacio, suele ser bienvenido. Si no tienen en ese momento espacio, dan al dueño un listado de otros posibles refugios para que pregunte allí.
Es muy triste ver cómo la gente da a sus perros. Una señora de unos 70 años, el otro día quiso dejar a su perrita temblorosa allí porque "ladraba mucho". Al advertirle de que tenía que haber pedido cita y que tendría que volver otro día, se lamentó porque "tenía decidido que ya no volviese a casa". Lo que le pasó aquel día a esa perrilla, nunca lo sabré.
A pesar de que en la Humane Society tratan a los perros muy bien, tienen sus habitaciones limpias, con aire acondicionado y comida abundante, no deja de ser un refugio de animales sin hogar. A lo largo de estos tres últimos meses, la rotación ha sido increíble; hay -por suerte- muchas adopciones cada semana y muy pocos perros de los que conocí al principio siguen estando allí, esperando a ser adoptados.
Estos perros a los que nadie quiere, terminan siendo los favoritos de los voluntarios que, como yo, intentan darles más cariño sabiendo que es difícil que una familia se encapriche de ellos ese día.
Yo tenía una clara favorita: Mya. Cruce de Pitbull con Bull Terrier de unos dos años de edad, esa perra era pura energía. Al verme, daba saltos de más de un metro de alto con las cuatro patas, como si tuviese muelles en las almohadillas. Sabía sentarse, tumbarse y te daba la patita. Derrochaba amor por los cuatro costados y yo la regañaba: "Mya, eres muy bestia, así no te van a adoptar". No era consciente de su fuerza y podía llegar a hacer daño cuando su único propósito era llegar a besarte una oreja.
Mya necesitaba, urgentemente, un jardín. Yo era una de las pocas voluntarias que se atrevía a sacarla de paseo: tiraba mucho y se enfrentaba a todos los perros que, tras los cristales, la ladraban. Llegar al recinto cerrado donde la podía soltar al aire libre era una pequeña odisea. Mya era una perra poderosa.
En el parque, cerrado sólo para ella porque se llevaba muy mal con otros perros, no paraba de correr, perseguir muñecos y traerme la pelota. Mya necesitaba correr y desfogarse. Cuando caminábamos de vuelta hacia su habitación, Mya iba ya tranquila, desahogada, sin tirar de la correa.
Ciro, un voluntario que lleva muchísimos años en el centro, me comentó un día que estaba intentando encontrar casa a Mya. Las necesidades eran muy específicas: tendría que ser una casa con jardín vallado, sin ningún otro perro en la familia y un dueño deportista que la hiciese correr. No era fácil, pero parece ser que Ciro tenía una familia candidata en Ocala (a unos 400 km de Miami) y estaba ya moviendo los papeles para el traslado.
Pero, la semana pasada, ocurrió algo terrible. Alguien sacó al parque a Mya pero dejó, por error, la entrada al recinto sin cerrar. Y, un rato después, otra voluntaria sacó a Gorda -un cruce de pastor- al recinto de al lado. Mya no lo pensó dos veces y salió disparada a atacar a Gorda, que se defendía como podía, pero Mya tenía todas las de ganar: mucho instinto, mucha fuerza y una gran mandíbula.
Las separaron antes de que hubiese graves consecuencias y las llevaron al veterinario. A Gorda, para curarle las heridas del cuello. A Mya, para ponerle la inyección letal.
Ciro, antes de que tomasen tan drástica decisión, intentó frenarles. Mya no había atacado jamás a un ser humano y el hecho de que atacase a otros perros no era nada nuevo. Muchos perros son agresivos con sus congéneres, sin que esto suponga un gran problema a la hora de ser adoptados. Y Mya estaba a punto de ir a una casa donde sería feliz.
Pero no pudo ser. La Dirección del centro tomó la decisión de matar a Mya. Muerto el perro, se acabó la rabia. Y a Ciro le dijeron que lo viese desde el lado positivo, que Mya ahora estará dando brincos en el cielo, libre, como ella quería.
Yo hubiese preferido que Mya diese brincos en Ocala.
Ciro les dijo que no volvería por el refugio, que le habían decepcionado. Pero luego pensó en los perros -en todos los que allí están ahora- y volvió a pasarse a ayudar el sábado por la mañana. Allí me lo encontré yo, que aún no sabía nada de todo esto y acababa de ver que Mya no estaba. Fui hacia él, feliz, a preguntarle si Mya ya vivía en Ocala.
Así es cómo me enteré yo de la cruda verdad... así, ahora soy consciente de que, incluso en un refugio de perros donde se les salva la vida y se les cuida tanto, pueden ocurrir estas cosas. Hay vidas de perro que no valen nada, que generan más gastos y más quebraderos de cabeza de los necesarios. Vidas de perro que importan poco en general o importan sólo a pocas personas.
A Ciro se le empañaban los ojos contándome esta historia. Y yo, este fin de semana, echo mucho, mucho de menos acariciar a Mya.
Este blog tiene una doble función: por un lado, me gustaría que me sirviese a mi de aprendizaje. Por otro, trato de compartir algunos conocimientos relacionados con los perros para quien le pueda interesar.
No pretende ser una guía canina ni es rigurosamente científico, se trata de simplificar conceptos y transmitirlos de una forma amena para quien no esté familiarizado con este mundillo.
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domingo, 15 de junio de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
"Bullying" contra el Pit Bull
El Pit Bull es una raza de perro de la que no es fácil escribir. Primero, porque su nombre es sinónimo de prejuicios. Es el "perro asesino", el "mataniños", el "perro de pelea". A mayor ignorancia sobre la raza, peores serán los adjetivos.
Pero, escribiendo sobre el Pit Bull, también corro un riesgo mayor: que, digas lo que digas, aparecerá el ataque directo de los acérrimos defensores de la raza. Su perro favorito ha sido atacado durante los últimos quince años, lo que provoca que muchos hayan llegado al estado paranoide que lleva a defender lo indefendible: "Pit Bull ataca a bebé de seis meses" = "Algo habrá hecho el niño".
Sí, hablar del Pit Bull es tan controvertido en las redes como hablar de la lactancia materna o del Islam. Y, como en toda polémica online, el verdadero protagonista es el desconocimiento sobre lo que se está hablando.
Para empezar, el Pit Bull es una raza que, para muchos, no existe. No está reconocida por la Federación Cinológica Internacional, ni por el American Kennel Club. Para ellos, las razas que sí existen son el American Staffordshire Terrier y el Staffordshire Bull Terrier. Siento decepcionar a los entendidos, pero reconozco que yo no siempre sé diferenciar uno de otro cuando los veo -los veía- en el parque. Ante la duda, prefiero preguntar al dueño, para evitar que se me enfaden. A estos perros y a sus cruces y variantes, el españolito medio los llama Pit Bull.
Sin embargo, el Pit Bull, el verdadero Pit Bull, es el Americano: American Pit Bull Terrier (APBT). Tiene su propio estándar, pero -como no está reconocido por las principales entidades- no participa en sus concursos de belleza. Ni falta que les hace, porque el Pit Bull defiende un estándar, a través de su Asociación de Criadores (A.D.B.A), que da más valor al comportamiento, personalidad y capacidad de trabajo, que a la estética en sí misma.
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| APBT - American Pit Bull Terrier |
Hay muchas, muchas teorías sobre el origen de la raza American Pit Bull Terrier. El Presidente de la Federación Internacional del APBT, Mariano Peinado, sostiene que este perro es la evolución de los Alanos Españoles que llegaron en los barcos cuando se colonizó América. También se dice que la raza procede de la llegada de perros de Gran Bretaña, en su mayoría Bulldogs (nada que ver con el Bulldog Inglés de hoy en día, me refiero a los Bulldogs de antes... los que podían respirar). La verdad es que hay varias versiones de sus orígenes pero nadie debate sobre eso. Lo que todo el mundo conoce del pasado de este perro es que se usaba para pelear.
Desde los romanos -que, en mi opinión, se caracterizaron por ser un pelín sádicos- las peleas entre animales han sido siempre un espectáculo. Eran un pueblo curioso: "vamos a ver qué pasa si metemos a un perro y un toro en el coliseum"... "vamos a ver quién gana, si el león o el preso"....
En Inglaterra, también quisieron entretenerse viendo cómo se peleaban osos y jabalíes contra perros. En Londres, se puso de moda atar por los cuartos traseros a osos y a toros y soltar a Bulldogs que les atacaban y, en muchos casos, perdían la vida en ello. Esto era legal, igual que lo es a día de hoy una corrida de toros o un encierro.
Los ingleses, en el siglo XVIII, llegaron a la conclusión de que ver volar a perros a las gradas por cornadas de toros no era tan divertido como les pareció en un primer momento. Pero eso no significó que no siguieran haciéndose peleas de perros en la clandestinidad.
Pero no sólo los romanos y los ingleses dedicaron tiempo, y dinero, a este "hobby". En México, Argentina, Pakistán, España, China, Japón, Holanda, y en los territorios de la antigua Unión Soviética y el Cáucaso, existe una gran tradición en cuanto a peleas de perros. Rusia no las prohibió por ley hasta 2001, por lo que este pasado para muchos perros, no es tan lejano.
¿Y sólo peleaban Pit Bull? Por supuesto que no. El Rottweiler, el Dogo Argentino, el Sharpei, el Mastín Napolitano, el Mastín Español, el Tosa Inu y muchas otras razas -incluso aquellas que no tienen ni tuvieron nunca cualidades para pelear- se han metido en un ring y animado a matarse contra sus congéneres.
Pero el Pit Bull, que ya había demostrado su valía para sacar carbón de las minas, para matar ratas y para caza mayor, entre otros trabajos que se le encomendaban allá por el siglo XIX, demostró ser un excelente perro de pelea. Resistente, persistente, fuerte, fiel a su dueño, obediente, inteligente. Y eso provocó que el ser humano lo corrompiera, lo utilizara contra su naturaleza, lo animara a pelear hasta matarse. Con esto, quiero decir que el APBT no fue un perro creado para pelear. Era un perro que ya existía de antes, y algunas líneas de cría fueron, durante años, tristemente potenciadas para ser más resistentes, más fuertes, más agresivas de lo normal.
A día de hoy, el APBT es un perro que, como he dicho, no se juzga por su belleza, aunque hay un estándar que se debe seguir para mantener la raza. Se juzga su "gameness" que se podría traducir como "coraje". Y aquí es donde el camino se bifurca: los buenos Criadores de APBT buscan que sus perros tengan coraje para desarrollar toda aquella actividad que su dueño le ordene, independientemente de su dificultad. Y, como ejemplo, podríamos poner pruebas de agilidad, cacería de jabalíes, rescate de personas, etc. Para los que no aman a los animales y se siguen dedicando a promover que su perro se mate matando, el gameness es la capacidad para aguantar en una pelea hasta morir.
¿Y por qué os cuento todo esto? Yo no soy ni defensora ni retractora de esta raza. Ni del American Staffordshire ni del Staffordshire Terrier, que tanto se le parecen. No es un perro que yo me compraría, al igual que no tengo especial interés en tener un Husky Siberiano o, qué se yo, un Chow Chow. Pero me gustan todos los perros, en general, y he conocido algunos ejemplares de todas estas razas simplemente geniales. Sin embargo, las estadísticas -que son sólo estadísticas- nos dicen que, desde hace siete años, el APBT tiene el dudoso honor de estar el primero de la lista en número de ataques mortales denunciados en Estados Unidos.
Los números están ahí, pero Wikipedia te da la descripción detallada de todos los casos, y la mayoría de las historias son tristemente previsibles. Perros atados permanentemente a una cadena que atacan al primer ser humano que se acerca. Bebés que gatean hasta una madre protectora con sus cachorros. niños que quisieron jugar a "cabalgar" sobre el Pit Bull de su tía. No quiero decir que sea "normal" que el Pit Bull haya matado al niño en estas circunstancias, lo que quiero decir es que son situaciones en las que un perro, cualquier perro, si no es un animal equilibrado, puede llegar a atacar.
He estado pensando mucho en los pobres Pit Bull porque esta semana me he enterado de que en el condado donde yo vivo -Miami Dade, FL- no me permitirían tener uno en caso de quererlo, está penado por ley. Si tienes uno -o cualquiera de sus "primos"- y te denuncia tu vecino, te ponen una multa de 500 dólares, te dan 24 horas para deshacerte del perro (o mudarte tú a otro condado) y al vecino se le otorga una recompensa. Esto ha provocado una "caza de brujas" contra esta raza y una total demonización de la misma. Para quien es ignorante, si la ley ampara esta ignorancia, apaga y vámonos. He leído que incluso Obama condena esta legislación racista, pero la prohibición data de 1989 y no hay, por el momento, vuelta atrás, lo cual me parece una lacra de esta sociedad.
En España, la ley contra las Razas Potencialmente Peligrosas ya me parece injusta: generalizar nunca es la mejor opción y, ante el miedo que pueda existir a estos perros "poderosos", yo como mucho obligaría a tener un seguro que cubra posibles daños a terceros. Lo que pueda hacer un animal, depende tanto -o más- de su dueño como de sus propios factores genéticos. Rottweiler perfectamente adiestrado Vs Pastor Alemán descontrolado, ¿quién entraña un peligro peor?
El Pit Bull es un perro de plastilina: puedes moldearlo y hacer de él lo que quieras que sea. Si lo educas para cazar, será un cazador incansable. Si lo educas para que sea un perro familiar, demostrará una paciencia infinita con los niños. Si lo educas para proteger tu casa, la defenderá con su vida. Si lo educas para hacerte compañía, será tu amigo fiel que no se moverá de tu lado. No todos los perros tienen esa plasticidad, pero el APBT es un perro todoterreno.
Pero claro, volvemos a lo de siempre: Para todo eso, hay que educarlo.
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