Este blog tiene una doble función: por un lado, me gustaría que me sirviese a mi de aprendizaje. Por otro, trato de compartir algunos conocimientos relacionados con los perros para quien le pueda interesar.

No pretende ser una guía canina ni es rigurosamente científico, se trata de simplificar conceptos y transmitirlos de una forma amena para quien no esté familiarizado con este mundillo.

Mostrando entradas con la etiqueta adiestramiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adiestramiento. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de noviembre de 2015

Speed dating... canino

Llevo algo más de año y medio siendo voluntaria del refugio Humane Society of Greater Miami. Durante ese tiempo, he sido partícipe de eventos dentro y fuera del refugio, he seguido personalmente varias adopciones fructíferas y otras tantas fallidas y hasta yo misma he adoptado un perro. Pero, sobre todo, durante este tiempo, me he encargado en el refugio de los perros más grandes. De los perros que pesan más de 60 kg y otros voluntarios no los sacan de paseo porque no pueden con ellos o les tienen miedo. He descubierto que, si me siento en el suelo de la habitación del perro con más cara de fiero y le rasco la tripa, las familias adoptantes que van pasando a través del cristal, en vez de acelerar el paso, se paran a mirar. Y, si me ven cómo estoy educando a un American Bulldog del tamaño de un oso polar y el perro ya sabe hacer "sit", es hasta probable que pidan conocerle.

En el refugio saben de mi "especialidad" y los coordinadores siempre me piden que me encargue de los más grandes. Han puesto carteles en algunas habitaciones donde pone "Cuidado, sólo voluntarios experimentados" y me han hecho saber que yo sí puedo entrar. Según entro por la puerta, me suelen comentar si hay algún perro grande nuevo que necesite urgentemente salir. A algunos hay que ponerles un arnés especial o sacarles por una determinada puerta. No hay problema. Yo me encargo.
Yo disfruto con esto. 

Y hoy he disfrutado más todavía, porque -por primera vez- han confiado en mi para las "presentaciones". Los voluntarios no están autorizados a hacer esto. Se trata de presentar a dos perros para ver si son compatibles y pueden compartir habitación. Con los pequeños, esto es fácil. Pero, con los grandes, es arriesgado. Si se atacan, habrá que curarles las heridas que se hagan, y el refugio tendrá que correr con más gastos veterinarios. Por eso, se les presenta con cuidado. A la izquierda, el campeón de los pesos pesados Gran Danés cruzado con Pitbull. A la derecha, el formidable cruce de Labrador con genes de Bull Terrier. Cada uno con una correa, primero hay que dejar que se huelan. Si dan vueltas, tú das vueltas con ellos, porque no puedes perder el control de su correa y dejar que se enreden. Si se atacan, sucederá todo en un instante, hay que ser rápidos. Pero, afortunadamente, los perros dan muchas señales antes de morder: se ponen en tensión, se huelen mutuamente la cara, les cambia la expresión, levantan la cola y el cuello, se preparan. Sólo hay que ser observador para evitar un drama. 

Hemos conseguido hacer varias parejas a través de esta técnica de "speed dating" canina y, recolocando a los perros, podemos dejar más habitaciones para otros perros que no toleran compañía.

Los perros, por naturaleza, son sociables con humanos y con otros perros. Pero, para reformular esta frase en "son sociables con TODOS los humanos y TODOS los otros perros" se necesita pasar por un proceso de socialización desde cachorros al que, por desgracia, casi ningún animal doméstico se somete en la vida real.

El cachorro, para empezar, debería estar con su madre y sus hermanos durante sus primeros meses de vida. Si quieres comprar un perro y te ofrecen dártelo con 4 semanas, desconfía de ese criador. Un cachorro no debería ser separado de su camada hasta las 8-10 semanas de vida, mínimo.

Ese cachorro, además, tendría que entrar en contacto en su primer año de vida con todo tipo de personas. De todas las edades y razas. Hay quien dice que su perro "es racista" porque ladra a los negros. Los perros no son racistas, simplemente ladran a lo desconocido. Mi perra Prechel ladró sin parar la primera vez que vio a una señora en silla de ruedas eléctrica. Su forma de moverse, deslizándose, la descolocó. Es normal. Simplemente, basta con mostrarles que no pasa nada.

Pero, volviendo al tema de las presentaciones entre perros, es importante darles la importancia que merecen. A pesar de que dos perros que se han peleado pueden terminar siendo amigos -los perros viven el momento, no guardan rencor como los humanos- es importante que nos aseguremos, a la hora de meter un perro nuevo en casa, que el perro "viejo" lo acepta y le cae bien. Hemos de asegurarnos de que comienzan su amistad con buen pie, sobre todo si hablamos de dos perros adultos.

 Hay perros dominantes y perros sumisos, y todos ellos tienen una energía distinta. No siempre la combinación "macho y hembra" evita peleas. Hay hembras muy dominantes que no estarán conformes hasta que no quede claro quien manda en casa. No por ser de la misma raza, serán más afines. No por ser familia -a no ser que se hayan criado juntos varios años- serán íntimos según se vean. No hay una fórmula perfecta. 

Te recomiendo que las presentaciones siempre las hagas en terreno neutral y con los perros lo más tranquilos posible por separado (después de una caminata, por ejemplo). No tenses la correa cuando se estén oliendo. Relájate, ellos perciben si la situación te estresa. Pasea con ellos juntos de la correa antes de meteros todos en casa. Supervisa siempre las comidas cerca el uno del otro y, sobre todo, observa quién es el jefe de quién.

No existe la democracia en el mundo animal. Si tienes varios perros, cada uno ocupará un cargo en el escalafón jerárquico. Es una jerarquía que deciden entre ellos. Se montarán, se intentarán dominar, parecerá que están jugando al "pressing catch". Tú, como dueño, lo único que puedes hacer es dejarles claro que, por encima de ellos, siempre estarás tú, así que -si el "pressing catch" se sube de tono- bastará con una voz tuya para separarlos. Es importante que tengas claro quién es tu perro más dominante y cuál el más sumiso y que no vayas a contracorriente de esta jerarquía.

En armonía, dos perros son significativamente mejor que uno. Serán un gran apoyo el uno para el otro. Se harán mucha compañía. Les permitirá ser "más perros" y "menos humanos". En el refugio, a los perros más sociables el tener un compañero de habitación les calma, les entretiene y les ayuda a no ponerse tan ansiosos.

Tan sólo hace falta encontrarles un compañero de juegos con el que sean afines. Cuyo nivel de energía sea similar. Y así, el Gran Danés cruzado con Pit Bull y el Labrador con genes de Bull Terrier terminarán durmiendo juntos la siesta. Y la gente, cuando vea cómo les estoy acariciando la tripa a dos manos, quizá se paren frente al cristal y, quién sabe, puede que les llegue su oportunidad.








miércoles, 22 de julio de 2015

Truco y trato

El otro día, hablando con un compañero a quien ayudé a elegir qué perro adoptar hace mes y medio, me preguntó: "¿Y tu Pancho ya sabe hacer algún truco?". Cuando le enumeré las cosas que había ido enseñando a Pancho desde que lo adopté, hace poco más de medio año, él se quedó realmente sorprendido. Y yo también, la verdad, no me había dado cuenta hasta ahora de lo mucho que nos ha cundido.

Porque, a lo tonto, resulta que Pancho ya sabe (más o menos decentemente) sentarse, tumbarse, dar la pata, la otra pata, sabe hacer la croqueta, sabe caminar al lado con y sin la correa, sabe esperar sentado antes de cruzar la calle, sabe quedarse quieto donde le diga hasta que vuelva, sabe venir cuando le llamo, sabe subir al sofá, sabe bajar del sofá, sabe irse a la cesta y tiene muy claro que ahí, en la cesta, es donde tiene que tumbarse cada vez que yo me pongo a comer, y no puede moverse hasta que yo no recojo mis platos.

Pancho ayer, esperando a que vuelva


Pancho no sabe todas esas cosas porque sea muy listo, ni porque yo sea especialmente buena educando perros. Tampoco ninguna de esas órdenes son fundamentales. Es decir, que Pancho podría vivir conmigo y ser un perro fantástico también sin saber ninguno de esos trucos. El perro que sabe dar la pata no es mejor que el que no lo sabe. Aparentemente, no vale de nada que tu perro sepa hacerse el muerto, o que le digas "¡Habla!" y suelte dos ladridos.

Porque la orden es lo de menos. Da igual lo que te propongas enseñarle a tu perro, lo que es realmente importante es el acto de enseñarle algo. Porque, verás, a los perros no hay cosa que más les guste que aprender a hacer cosas: siempre hay galletas, juguetes o caricias de por medio. Para tu perro, aprender significa jugar y, lo que es más importante, tener toda tu atención.

Para ti, también es muy útil porque, al enseñar cualquier cosa a tu perro, estás reforzando tu papel de líder. Podemos querer muchísimo a nuestros perros, podemos considerarlos nuestros hijos, pero un perro estable y feliz necesita un jefe para seguir siendo estable y feliz... Y ese jefe eres tú. Por tanto, que se note. Como jefe que eres, tú mandas y él obedece. Encantado, además.

Cinco o diez minutos al día bastan. Mientras juegas con él en casa, o durante el paseo. Escoge como recompensa aquello que más le guste: la pelota, un muñeco, galletas... y nunca dejes el ejercicio a medias, siempre ha de terminar bien. Los perros pueden ser muy cabezotas, quizá tengas que demostrar que tú lo eres más que ellos. Pero no desesperes, no olvides que el objetivo es divertirte y recuerda siempre que el refuerzo positivo es infinitamente más eficaz que cualquier tipo de castigo.

Ponte metas asequibles. Decide qué quieres enseñar a tu perro y ve de lo más fácil a lo más difícil. Si no sabes por dónde empezar a enseñarle algo, siempre puedes recurrir a los tutoriales de YouTube. No te impacientes, cada truco requiere su tiempo y, según cada perro, un número diferente de repeticiones. Y, muy importante, intenta aprovechar sus propias aptitudes e instintos más agudizados. Si ves que tu perro jamás salta, no intentes enseñarle que salte a la orden. Sin embargo, si tu perro da brincos cada vez que se entusiasma, será sencillo premiarle cuando lo haga y conseguir, así, que termine saltando cuando tú se lo ordenes.

Un perro que sabe trucos puede no ser mejor perro que el que no los sabe, pero el vínculo con su dueño será mucho más fuerte. Además, los trucos son la antesala de la obediencia, ya que una vez aprendido el primero, tu perro querrá aprender más. No importa la edad, la estimulación mental es siempre necesaria para que tu perro sea feliz. Y tú sonreirás cada vez que, con cara de máxima concentración, te dé la pata. O gire sobre sí mismo, o pase entre tus piernas, o te traiga el juguete y lo suelte en tu mano. Está en la naturaleza del perro querer complacer a su familia humana: lo único que necesitan saber es qué queremos que hagan.



domingo, 22 de febrero de 2015

Quién conoce a quién

La semana pasada se publicó, por primera vez, un estudio desde la Universidad de Veterinaria de Viena, Austria, donde se demostraba que los perros pueden identificar las expresiones faciales de los humanos y asociarlas a estados de ánimo.

Sé que todos los que tengáis perro pensaréis que esto no es nada nuevo, nuestro perros saben de sobra si estamos felices, tristes, tranquilos o estresados. Sin embargo, creo que -como dueños de perros- muchas veces no somos conscientes de toda la información que tienen nuestros perros sobre nosotros a través de nuestro lenguaje no verbal.

Los perros son grandes observadores y nos conocen mejor que nosotros mismos. Pueden percibir si hemos tenido un buen o mal día en función al ruido que hagamos al dejar las llaves en la entrada. Para ellos son evidentes algunas cosas que a nosotros se nos pasan por alto, como la brusquedad en nuestros movimientos, el tono de nuestra voz, un tic nervioso, o nuestra frecuencia cardíaca.

Recuerdo que Carlota, la madre de mis perras, movía el rabo con entusiasmo cada vez que su dueño sonreía. Era increíble, nunca he vuelto a ver nada igual. Ella, como los perros de este estudio, sabía que el hecho de que su dueño mostrase sus dientes era algo positivo que solía conllevar una caricia, o un paseo, o una galleta.

Por la misma regla de tres, los perros identifican al instante cuándo no estamos contentos. Por eso, el cachorro que está aprendiendo a quedarse solo en casa echa las orejas para atrás y adopta una posición sumisa, que nosotros llamamos "cara de culpabilidad" cuando entramos por la puerta y vemos que se ha comido su cesta, o se ha hecho caca en el pasillo, o ha mordido el sofá... o todo a la vez. No es que ellos "sepan". O, mejor dicho, no saben exactamente lo que nosotros creemos. Ellos no saben el motivo de nuestro enfado pero, según nos ven, son perfectamente conscientes de que estamos enfadados. Si, además, algún día hemos puesto esa cara y les hemos regañado o gritado, o repetido aquello de "¿¿¿quién ha hecho esto???", ellos temen que volvamos a reaccionar así y de ahí que su respuesta sea la más sumisa posible.

Algunos gestos de sumisión habituales en los perros son las orejas orientadas hacia atrás o incluso pegadas a la cabeza, la cola baja o entre las patas, la cabeza agachada, los ojos entreabiertos o cerrados... Desvían la mirada e intentan hacerse lo más pequeños posible. Pero no, no es porque se sientan culpables... lo que sienten es puro miedo.

"Denver, the guilty dog" fue, hace un par de años, todo un fenómeno en YouTube, con más de cuarenta millones de visitas. En el vídeo (podéis verlo aquí) se ve cómo el dueño de Denver y Macy encuentra una bolsita de galletas de gato mordisqueada y busca al culpable. Primero le enseña la bolsita a Macy, una Golden Retriever entrada en años que no parece inmutarse con la acusación. Sin embargo, en el momento en el que la cámara enfoca a Denver, un Labrador mucho más joven, se "percibe" su culpabilidad. ¿Por qué? porque Denver está en un rincón, encogido, moviendo tímidamente el rabo y con cara de cordero degollado. Y, cuantas más veces su dueño le pregunta si fue él quien lo hizo, más dramática es su expresión.

No dudo de la culpabilidad de Denver (yo también he tenido Labradores y no tienen fondo... ¡por supuesto que se lo comió él!), pero Denver no reacciona así por saberse culpable. Reacciona así porque identifica la frase que le está diciendo su dueño, su tono de voz y su lenguaje no verbal como preámbulo de un castigo posterior. Y el perro se estresa tanto que llega a enseñar los dientes, cosa que a mi me preocuparía porque, en los perros, el miedo -llevado a un extremo- es el principal detonante de una agresión.

Aclaro una cosa: no es que crea que el dueño de Denver maltrate a su perro. O, al menos, no de una forma consciente. Denver en este video pasa un mal rato porque se siente amenazado por su dueño sin saber por qué, pero los seres humanos siempre nos creemos el centro del universo y pensamos que nuestras reacciones son aplicables a todas las especies. Pero no, en este caso, tu perro y tú no estáis exactamente igual de programados. Así que, si ves que te la ha liado durante tu ausencia y no le has pillado "con las manos en la masa", ahórrate el drama, simplemente recoge el desastre e ignórale mientras tanto.

Humanizar a tu perro no es sólo meterle en tu cama o ponerle un anorak los días de frío... humanizarle es dar por hecho que responde física y emocionalmente igual que un ser humano. Es pensar que disfruta, como tú, cuando le dan un abrazo. Es dar por sentado que te echa de menos si faltas. Es estar convencido de que le gusta una canción porque "canta" (aúlla) cuando ésta suena. Es pensar que tiene remordimientos o que siente rencor... Pues bien, tengo malas y buenas noticias al respecto: la mala es que no, la inteligencia de tu perro no es tan avanzada y para todas esas reacciones que tú consideras "humanas", hay una explicación mucho más primitiva, mucho más simple. La buena noticia es que tu perro no será tan listo como una persona, pero -en su sencillez- es mil veces "mejor persona" que tú.



domingo, 18 de enero de 2015

Finales felices

Ayer fui con Pancho a un parque de perros cercano a mi casa y ocurrió algo mágico: reconocí a dos perrillos de la Humane Society of Greater Miami a los que cuidé siendo voluntaria y que ahora ya tienen una casa. Hablé con sus dueños y sí, efectivamente, eran ellos. Y no sé a quién se veía más feliz, si a los perros o a los dueños con ellos.

Es increíble cómo pueden cambiar los perros del refugio cuando se reintegran en la sociedad y vuelven a sentirse parte de una manada. Colaborando allí me terminé dando cuenta de que los perros dentro de una perrera se comportan como si estuviesen en una cárcel: están en modo de supervivencia y dejan de ser, en parte, ellos mismos. Hay perros tímidos que, una vez adoptados, se vuelven extrovertidos. La mayoría de ellos se vuelven agresivos con sus congéneres durante su estancia en la perrera, ya que se disputan constantemente con ellos la comida, la atención de los voluntarios y de los visitantes a través del cristal. Hay perros que no se encuentran bien: perros que aún se están recuperando de una lesión o de una cirugía que les salvó la vida. Hay perros que enseñan los dientes a aquellos que dan golpecitos en el cristal para llamar su atención, porque están hartos de que los humanos hagan eso y no entren con ellos a jugar. Existen también perros que no comen, que sólo duermen y no quieren saber nada de nadie, porque están deprimidos por estar allí. Da a esos perros una casa, un sofá y unos mimos y verás florecer en ellos la felicidad.

Pancho también comienza a sonreír

Hank, uno de los perros que reconocí en el parque ayer, en el refugio tenía carita de circunstancias pero ahora es un perro feliz y tiene de "hermano" a un gato. Sussy, la American Bulldog maltratada y deprimida a la que vi volver al refugio después de haber sido adoptada por una familia que no la cuidó en absoluto, ahora disfruta de su nuevo dueño y deja que su "hermano" Chihuahua trepe a su lomo para dormirse encima, a pesar de que en el refugio tenía que estar aislada por ser agresiva con otros perros.

Con Hank, antes de que fuera adoptado

Mi amiga Clara me ha enviado hoy precisamente este link donde podréis ver algunos ejemplos de perros que se nota a simple vista que son felices después de ser adoptados... y Rosario, un par de días antes, me mandó este link también, donde se cuenta la historia de Gluta: una perra callejera tailandesa que tuvo la suerte de ser rescatada por alguien dispuesto a alimentarla, cuidarla, quererla y proporcionarle tratamiento veterinario para curarle un cáncer. Lógicamente, ahora es feliz y su dueño, que ha tomado millones de fotos y vídeos de los progresos de Gluta, le ha hecho un perfil de Facebook, un canal de YouTube y hasta ha publicado un libro con todo el proceso.

Según él, Gluta es hoy "la perra más feliz del mundo". Y, viendo las fotos, yo estoy de acuerdo.

La felicidad perruna de Gluta



lunes, 12 de enero de 2015

El "novamás" en Parques

Mi reciente adopción de Pancho, un cruce de Jack Russell Terrier y Teckel en el refugio donde hago voluntariado, me ha abierto las puertas al maravilloso mundo canino en Miami. Desde hace un par de semanas, este perrillo y yo nos hacemos mutua compañía, nos vamos conociendo y disfrutando.

Este es Pancho

Pancho es un perro adulto y, como tal, tiene un pasado que nunca sabremos. Por tanto, he de llenarme de paciencia y perseverancia para conseguir sacar de él lo mejor y que olvide, lo antes posible, lo mal que lo ha pasado antes. No es fácil, ni para él ni para mi. Como su principal problema es que no está correctamente socializado y tiene muchos miedos, he decidido hacer terapia intensiva juntos yendo a lugares transitados para que interactúe con mucha gente y muchos perros. 

Ayer, por tanto, Pancho y yo fuimos, por primera vez, a un parque de perros en Miami: el Trails and Tails del barrio de Doral. Pancho parecía contento con la excursión pero a mi casi se me desencaja la mandíbula al llegar. En España, este concepto definitivamente no existe. 

Esto es un parque para perros... y lo demás son tonterías

El Parque, que abre desde el amanecer hasta que cae el sol y es de entrada gratuita, consiste en, básicamente, cuatro áreas diferenciadas: un parque vallado para perros de talla pequeña, un parque vallado para perros de talla grande, un parque vallado con columpios para niños y una zona con mesas de picnic, lavabos públicos, máquinas de vending y área de lavado para perros. En total, son más de 30 mil metros cuadrados inmaculadamente limpios al servicio de las familias y sus mascotas. 

Panorámica de la zona de perros pequeños... la de los perros grandes es igual
Zona infantil con columpios y aparcamiento de patinetes y triciclos
Las zonas para perros propiamente dichas son espectacularmente grandes para que puedan correr sueltos a sus anchas y se entra a ellas por una doble verja (para evitar escapes). Dentro, hay bancos a la sombra de los árboles para los dueños y mucho, mucho césped -perfectamente cuidado- para los perros, además de las papeleras con bolsas y fuentes de agua para que beban caninos y humanos. 

Pancho bebiendo un poco de agua

En la puerta de cada una de las zonas hay unas normas de uso y la medida que tiene que tener tu perro para poder entrar al parque de los grandes o los pequeños. Y, por último, dentro del parque hay 3 personas contratadas para estar pendientes de todas las áreas y evitar peleas entre perros o asegurarse de que los dueños recojan los excrementos. 

Pancho "midiéndose" antes de entrar

El área de lavado de perros consiste en varias zonas valladas, cada una con su manguera, en las cuales puedes bañar tú mismo a tu perro. Basta con traer el champú, un par de toallas y te llevas de allí a tu perro limpio y reluciente. 

Aseos y entrada a la zona de lavado de perros
Lavadero de perros
Me quedé fascinada con este lugar. Acostumbrada a los parques para perros de Madrid, escasos (que yo conozca, sólo están las zonas acotadas dentro del Juan Carlos I, la del parque de El Retiro y un área en el Manzanares, dentro de la ciudad) y tristemente pensados (cercados de madera que sólo evitan el escape de perros grandes, una sola fuente dentro del recinto, las bolsas suelen escasear en según qué zonas, el terreno siempre es de tierra que se embarra cada vez que llueve...), a mi este lugar me pareció el cielo canino. 

Y he visto que hay más de media docena de parques similares a este sólo en el condado de Miami-Dade. Así que Pancho va a tener suerte... y yo también. 

domingo, 11 de agosto de 2013

¿Los perros ven la tele?

Cuando a Trufa, la perra de la infancia de mi amiga Elena, la dejaban sola en casa, se quedaba en el sillón, como una reina, viendo la tele. Bueno, no sé si la veía realmente, pero recuerdo que le dejaban la televisión puesta "para hacerle compañía". Siempre me pregunté si aquello valdría de algo o si Trufa no intentaría apagar algún día la tele dándole con su patita al mando a distancia.

A Sancha no le gustan los documentales. Se cabrea y ladra al televisor, indignada si unos patos interrumpen su siesta. Tampoco le gusta El encantador de perros, y ahí discrepamos porque a mi me encanta, así que yo le digo que se calle y ella me mira enfurruñada.

A Prechel y Berta la tele les da igual. Ni la miran. Supongo que son unas intelectuales.

En Estados Unidos, ahora han sacado un canal de TV para que los perros se entretengan en ausencia de sus amos. DogTV emite, ininterrumpidamente, una serie de imágenes donde predominan el rojo y el verde, los colores que mejor aprecian -según ellos, ya que sobre esto hay muchas teorías- los perros.

Su programación se compone de 3 bloques: el primero, de imágenes relajantes de paisajes y música chill out. http://youtu.be/nn4vD5eKKHE

El segundo, imágenes estimulantes donde se ve a perros corriendo detrás de pelotas o jugando entre ellos. http://youtu.be/NFaX2fIBg7k

Y, el tercero, son imágenes "educativas", donde se ven escenas cotidianas con perros que se portan fenomenal. http://youtu.be/YF63zxlnKMs

Por más que le doy vueltas, no le veo sentido a este canal que, además, es de pago. Si tuviese un perro nervioso, no me parecería mal dejarle con la música relajante del primer bloque de programación (aunque no hay gran diferencia entre eso y dejarle con los documentales de La2 o incluso con la radio puesta), pero sabiendo que se alternan las imágenes estimulantes con las relajantes, dejándole DogTV puesto a tu perro te arriesgas a que, cuando ya esté dormido, vea de pronto a dos perros jugar como locos y se vuelva a activar.

Pero el colmo del sinsentido es el tercer bloque: ¿realmente alguien cree que, porque su perro vea a otros perros comportarse bien, él va a aprender a hacerlo igual? ¡Ojalá fuese tan fácil! Yo, entonces, dejaría a Prechel con un DVD puesto de perros que tocan el piano y a Berta haciendo el aerobic de Jane Fonda.

Ya no saben qué inventar...





sábado, 11 de mayo de 2013

En el amor y en la guerra

 sacrificar (Del lat. sacrificāre).
3. tr. Poner a alguien o algo en algún riesgo o trabajo, abandonarlo a muerte, destrucción o daño, en provecho de un fin o interés que se estima de mayor importancia.

Escuchando un podcast llamado "Stuff you missed in History class", me enteré de que, Estados Unidos, de cara a utilizar perros en la II Guerra Mundial -como habían ya hecho muchos otros países en la primera- hizo un llamamiento a su población para que las familias donasen a la causa a sus propios perros y poder enviarlos también al campo de batalla.

Cerca de veinte mil perros fueron enviados a filas de forma voluntaria por parte de sus dueños. Fueron Pastores Alemanes que, hasta ese momento, jugaban con la pelota en sus jardines; Dobermanns que corrían como balas a morder al cartero; Pastores Belgas que protegían al ganado; Schnnauzers que, desde su sofá, dormitaban con un ojo abierto por si alguien entraba por la puerta. Estas razas fueron, precisamente, las más cualificadas para la guerra, ya que el 45% de los "voluntarios" no aprobaron un entrenamiento básico y pudieron volver a sus casas sanos y salvos.

Perros en la II Guerra Mundial

EE.UU. envió, después de entrenarlos durante 2 largos años, a quince pelotones de perros de guerra: siete se repartieron por Europa y ocho fueron al Pacífico. Los soldados los recibieron entre risas escépticas, pero pronto se dieron cuenta de que esos animalitos les podrían salvar la vida detectando explosivos, minas, acercándoles el botiquín, arrastrándolos de vuelta a las trincheras si caían heridos, llevando mensajes de un lugar a otro e incluso repartiendo cigarrillos.


Mandar a tu perro a la guerra, sacrificarlo, al igual que dejaste ir a tu hijo, primo, hermano... es algo que te da qué pensar. Creo que yo jamás enviaría a mis perros -ni a ningún ser querido- a luchar una batalla, fuera por la causa que fuera. Pero una cosa es lo que piense yo, que coincide también con lo que opina la Organización por el Tratamiento Ético hacia los Animales (P.E.T.A.), y otra lo que pensaron ellos.



Escuela Cinológica de la Defensa
Sí estoy de acuerdo en que haya unidades de perros de apoyo, rescate y salvamento, que ayuden a las tropas en tierra hostil. Pero, afortunadamente, a día de hoy ya no se reclutan perros domésticos como entonces, sino que existen unas unidades K9 excelentes en la mayoría de países, que entrenan a los perros desde su cría selectiva para esta misión, al igual que se entrenan a los perros lazarillo. En España, el Ministerio de Defensa cuenta con la Escuela Cinológica de la Defensa que se encarga de adquirir y adiestrar perros bien dotados para la detección de explosivos, armas, drogas y personas, entre otras especialidades. Y, gracias a los perros, en cualquier catástrofe las posibilidades de encontrar vida se han multiplicado.

El entrenamiento de un perro para buscar seres humanos vivos no tiene nada que ver con el entrenamiento de un perro para buscar cadáveres, esto lo aprendí yo el otro día viendo un documental sobre las labores de rescate del 11-S. Los perros tienen sus "preferencias" y se especializan en un sentido u otro, utilizando sus 225 millones de receptores olfativos (nosotros sólo tenemos alrededor de 5 millones) para olfatear hasta llegar a su "premio" y sentarse o ladrar para indicarlo.

Se supone que el perro es fácilmente adiestrable para esto porque para ellos es como un juego, no se trata de buscar personas: para ellos es lo mismo buscar una pelota que unos restos humanos. Cada cosa tiene un olor y ellos simplemente lo siguen hasta encontrarlo. Sin embargo, en los escombros del World Trade Center, cuando los perros especializados en encontrar heridos vivos se dieron cuenta de que ya no encontrarían allí a nadie más con vida, automáticamente pasaron a avisar de los cadáveres que fueron rastreando, a pesar de que no habían sido adiestrados para ello. ¿Por qué? Porque el perro, está claro, sigue siendo el mejor amigo del hombre.



viernes, 5 de abril de 2013

Héroes


En Estados Unidos, existen unos premios que se llaman Hero Dog Awards. Son un reconocimiento a todo perro que haya ayudado con valentía y heroicidad al ser humano, pudiendo poner incluso en riesgo su vida. Como comenté en entradas anteriores, en este país el trato hacia las mascotas dista mucho del que estamos acostumbrados en España, y estos premios son muestra de ello. Se retransmiten en TV y el jurado lo componen famosos de todas las áreas, amantes de los animales.

Roselle, American Hero Dog'11

Los ganadores no sólo se llevan unas palmaditas en el lomo: los ocho finalistas ganan 1.300 dólares cada uno y, el "American Hero Dog" del año se lleva 5.000 dólares como recompensa. En todos los casos, estos premios se destinan a organizaciones sin ánimo de lucro.

Gabe, American Hero Dog'12
Como sólo llevan 2 ediciones, aún no hay muchos Héroes caninos premiados.
En 2011, se inauguraron estos premios con Roselle, la perra lazarillo de un ciego atrapado en las Torres Gemelas el 11 de Septiembre de 2001 que consiguió sacar a su dueño sano y salvo.
En 2012, el premio fue para Gabe, un perro entrenado para detectar explosivos, armas y munición, que sirvió como un soldado más en Irak junto a su dueño durante 3 años.


Entre los finalistas, un Beagle que sobrevivió milagrosamente a la cámara de gas en su perrera (!), un Shetland Collie que, sin ser entrenada previamente para ello, se convirtió en una perfecta perra de asistencia ante los ataques epilépticos de su dueña, un perro policía que evitó varias muertes en un tiroteo, perros que forman parte de terapias en hospitales y residencias... Hay para todos los gustos. Todos los vídeos están en www.herodogawards.org

A mi, el simple hecho de que existan estos premios, me fascina, aunque creo que mezclan a "héroes" con "veteranos": y me parece que esta confusión suele ser también habitual cuando se trata de seres humanos.

En mi opinión, el perro héroe es aquel que hace algo memorable en una situación insólita. En la Torre 1  del World Trade Center no había uno, sino dos ciegos en el momento en el que un avión se estrelló contra el edificio, y los dos tenían a sus respectivos perros guía: Roselle y Salty. Los dos perros actuaron exactamente como se les había enseñado, a pesar de las circunstancias extremas e impredecibles en las que se encontraron. Salty bajó desde el piso 71 y Roselle desde el 78, por las escaleras de emergencia, sin entrar en pánico. Sí que considero esto una "heroicidad" y, que Roselle ganase el premio al Perro Héroe del año 2011 y Salty no, es algo que no termino de comprender.

Sin embargo, el ganador del año pasado, Gabe, para mi no es un héroe exactamente, es más bien un veterano de guerra. Hizo muy bien su trabajo, identificó explosivos y armamento, para lo cual había sido minuciosamente entrenado... y su principal éxito fue no morir en el campo de batalla, como tantos otros soldados. La gran diferencia se encuentra en que, para los perros, la guerra no parece ser una experiencia tan traumática como puede ser para los humanos. En Estados Unidos, los datos en este sentido son escalofriantes: un veterano de guerra se suicida cada 65 minutos y, en 2012, el número de suicidios de soldados activos fue mayor -por primera vez- que el de muertes en combate.

Supongo que el hecho de que Gabe hiciese un trabajo ejemplar en territorio enemigo y, a su vuelta, siguiese siendo un perro estable, adorable y cariñoso, es algo -desde el punto de vista humano- ya de por sí heroico.

lunes, 25 de febrero de 2013

Hasta Lucio sentía miedo

El miedo es un mecanismo de defensa natural que puede alertarnos de una situación de riesgo. Pero, a veces, el peligro es inexistente en la realidad y, aunque lo sepamos, seguimos sintiendo miedo de lo inofensivo, como de la oscuridad, o de un bicho que no pica, o de una aguja que apenas notarás, o de otras muchas cosas aún más inocentes.

Los perros, que suelen ser animales valientes, también pueden sentir este tipo de angustia irracional en algunas circunstancias. Incluso los más grandes y fuertes.

Me viene a la memoria Lucio, un Mastín Español que conocí cuando yo era muy pequeña. Los machos de esta raza pueden llegar a pesar hasta 100 kg, por lo que no es de extrañar que la presencia de Lucio fuese tan imponente que no le hiciese falta ni molestarse en ladrar para ser respetado.

Un Mastín Español como Lucio
Lucio era un gran guardián, defensor de su casa y su familia... 364 días al año. Porque en la noche del 15 al 16 de agosto, cuando comenzaban los fuegos artificiales que hacían retumbar la sierra para clausurar las fiestas del pueblo, el gigante Lucio se encogía, se escondía, gemía, aullaba y pasaba un rato espantoso. El estruendo de los fuegos artificiales era su talón de Aquiles.

Daba mucha lástima que Lucio, siendo tan poderoso, se sintiese tan indefenso durante aquella noche. Movidos por este sentimiento, los humanos pensamos que aquí lo que necesitan nuestros perros es cariño y caricias para calmarse. Por eso les pasamos la mano por el lomo y les hablamos con palabras suaves, diciéndoles que no pasa nada, que ya pasó, como si fueran bebés. Pero los perros no funcionan así. Paradójicamente, cuando tratamos de tranquilizarles, en realidad les estamos reforzando su actitud asustadiza, "premiamos" con mimos y palabras de cariño el que tiemblen y gimoteen, y provocamos -sin quererlo- que sus miedos se intensifiquen en vez de desaparecer.

La pregunta lógica que te planteas al descubrir esto es: "¿y qué hago, dejo que mi perro lo pase mal sin hacer nada al respecto?"
No, lo mejor que podemos hacer es anticiparnos  y centrarnos en desviar la atención del animal para que, mientras esté sucediendo aquello que le asusta, él esté distraído con otra cosa.

Si sabemos que esa noche, cerca de casa, habrá fuegos artificiales y esto puede ser un problema...
... Lo primero, da con él un paseo largo por la tarde, que se canse y libere energía.
... Lo segundo, comportáte de una forma despreocupada: los perros pueden percibir cómo nos sentimos y se contagian de nuestro nerviosismo.
... Lo tercero, antes de que comiencen los ruidos, inicia una actividad que entretenga al perro, juega con él
... En el momento del primer ruido, tiéntale con una galleta, haciendo como si fuera no pasase nada. Si, mientras mastica, echa las orejillas para atrás y pone mirada de estar asustándose, ahí es el momento en el que no debemos tranquilizarle ni acariciarle, si no seguir llamando su atención con refuerzos positivos. Aunque la mirada sea de las que te parten el corazón, lo mejor es que no nos dé pena, porque con eso no ayudamos. El perro sólo se sentirá inseguro si ve que su dueño flaquea.



Probablemente, si los dueños de Lucio, desde que fue cachorro, le hubiesen quitado importancia a los fuegos artificiales, le hubiesen distraído y hubiesen demostrado delante de él que no pasaba nada, Lucio hubiese terminado levantando su gran cabezota y mirando tranquilamente al cielo, como hacíamos esa noche todos los demás.

Yo también cometí el error de abrazar con fuerza a mi primer perro cuando éste se escondía en el baño en Nochevieja al oír los petardos. Lo adoptamos ya adulto y quién sabe de dónde sacó ese terror. Nosotros, pensando que lo calmábamos dándole cariño, no éramos conscientes de todo lo que le perjudicábamos al compadecernos de él.

Por eso, con nuestras siguientes perras, nos tomamos la prevención de los miedos muy en serio: durante sus primeros años de vida, las llevamos al aeropuerto varias veces y allí las enseñamos a subir las escaleras mecánicas y las rampas; nos acompañaron a fiestas de pueblos con petardos, fuegos artificiales, música en directo y mucha, mucha gente. Vieron caballos, vacas, hasta ovejas una vez. Íbamos a parques donde pasaban bicicletas, niños con patines, patinetes, etc. a su alrededor. Las acercamos a ríos y luego a la playa, para que disfrutasen en el agua y aprendiesen a nadar. Las acostumbramos a todas aquellas cosas que creímos que podrían asustarlas si no veían por sí mismas que no pasaba nada. Un éxito, ahora mismo podríamos llevarlas al desfile del Día de las Fuerzas Armadas y no se sorprenderían por los aviones de la Patrulla Águila, ni por los tanques, ni por la cabra de la Legión. Puede que ni siquiera levantasen las orejas al ver a Urdangarín de nuevo en el palco Real.

Soy consciente de que es todo más sencillo si tienes ese tiempo para enseñar a tu cachorro desde el principio. Sin embargo, si adoptáis a un perro ya adulto y descubrís que tiene cualquiera de estas fobias, os recomiendo que os llenéis de paciencia y no de compasión. Que, en vez de sentir lástima, os centréis en estar en calma vosotros para que vuestros perros se sientan, en todo momento, seguros de sí mismos. El miedo injustificado no es síntoma de debilidad, nos puede afectar a todos. Si hasta Lucio sentía miedo.