Este blog tiene una doble función: por un lado, me gustaría que me sirviese a mi de aprendizaje. Por otro, trato de compartir algunos conocimientos relacionados con los perros para quien le pueda interesar.

No pretende ser una guía canina ni es rigurosamente científico, se trata de simplificar conceptos y transmitirlos de una forma amena para quien no esté familiarizado con este mundillo.

domingo, 18 de enero de 2015

Finales felices

Ayer fui con Pancho a un parque de perros cercano a mi casa y ocurrió algo mágico: reconocí a dos perrillos de la Humane Society of Greater Miami a los que cuidé siendo voluntaria y que ahora ya tienen una casa. Hablé con sus dueños y sí, efectivamente, eran ellos. Y no sé a quién se veía más feliz, si a los perros o a los dueños con ellos.

Es increíble cómo pueden cambiar los perros del refugio cuando se reintegran en la sociedad y vuelven a sentirse parte de una manada. Colaborando allí me terminé dando cuenta de que los perros dentro de una perrera se comportan como si estuviesen en una cárcel: están en modo de supervivencia y dejan de ser, en parte, ellos mismos. Hay perros tímidos que, una vez adoptados, se vuelven extrovertidos. La mayoría de ellos se vuelven agresivos con sus congéneres durante su estancia en la perrera, ya que se disputan constantemente con ellos la comida, la atención de los voluntarios y de los visitantes a través del cristal. Hay perros que no se encuentran bien: perros que aún se están recuperando de una lesión o de una cirugía que les salvó la vida. Hay perros que enseñan los dientes a aquellos que dan golpecitos en el cristal para llamar su atención, porque están hartos de que los humanos hagan eso y no entren con ellos a jugar. Existen también perros que no comen, que sólo duermen y no quieren saber nada de nadie, porque están deprimidos por estar allí. Da a esos perros una casa, un sofá y unos mimos y verás florecer en ellos la felicidad.

Pancho también comienza a sonreír

Hank, uno de los perros que reconocí en el parque ayer, en el refugio tenía carita de circunstancias pero ahora es un perro feliz y tiene de "hermano" a un gato. Sussy, la American Bulldog maltratada y deprimida a la que vi volver al refugio después de haber sido adoptada por una familia que no la cuidó en absoluto, ahora disfruta de su nuevo dueño y deja que su "hermano" Chihuahua trepe a su lomo para dormirse encima, a pesar de que en el refugio tenía que estar aislada por ser agresiva con otros perros.

Con Hank, antes de que fuera adoptado

Mi amiga Clara me ha enviado hoy precisamente este link donde podréis ver algunos ejemplos de perros que se nota a simple vista que son felices después de ser adoptados... y Rosario, un par de días antes, me mandó este link también, donde se cuenta la historia de Gluta: una perra callejera tailandesa que tuvo la suerte de ser rescatada por alguien dispuesto a alimentarla, cuidarla, quererla y proporcionarle tratamiento veterinario para curarle un cáncer. Lógicamente, ahora es feliz y su dueño, que ha tomado millones de fotos y vídeos de los progresos de Gluta, le ha hecho un perfil de Facebook, un canal de YouTube y hasta ha publicado un libro con todo el proceso.

Según él, Gluta es hoy "la perra más feliz del mundo". Y, viendo las fotos, yo estoy de acuerdo.

La felicidad perruna de Gluta



lunes, 12 de enero de 2015

El "novamás" en Parques

Mi reciente adopción de Pancho, un cruce de Jack Russell Terrier y Teckel en el refugio donde hago voluntariado, me ha abierto las puertas al maravilloso mundo canino en Miami. Desde hace un par de semanas, este perrillo y yo nos hacemos mutua compañía, nos vamos conociendo y disfrutando.

Este es Pancho

Pancho es un perro adulto y, como tal, tiene un pasado que nunca sabremos. Por tanto, he de llenarme de paciencia y perseverancia para conseguir sacar de él lo mejor y que olvide, lo antes posible, lo mal que lo ha pasado antes. No es fácil, ni para él ni para mi. Como su principal problema es que no está correctamente socializado y tiene muchos miedos, he decidido hacer terapia intensiva juntos yendo a lugares transitados para que interactúe con mucha gente y muchos perros. 

Ayer, por tanto, Pancho y yo fuimos, por primera vez, a un parque de perros en Miami: el Trails and Tails del barrio de Doral. Pancho parecía contento con la excursión pero a mi casi se me desencaja la mandíbula al llegar. En España, este concepto definitivamente no existe. 

Esto es un parque para perros... y lo demás son tonterías

El Parque, que abre desde el amanecer hasta que cae el sol y es de entrada gratuita, consiste en, básicamente, cuatro áreas diferenciadas: un parque vallado para perros de talla pequeña, un parque vallado para perros de talla grande, un parque vallado con columpios para niños y una zona con mesas de picnic, lavabos públicos, máquinas de vending y área de lavado para perros. En total, son más de 30 mil metros cuadrados inmaculadamente limpios al servicio de las familias y sus mascotas. 

Panorámica de la zona de perros pequeños... la de los perros grandes es igual
Zona infantil con columpios y aparcamiento de patinetes y triciclos
Las zonas para perros propiamente dichas son espectacularmente grandes para que puedan correr sueltos a sus anchas y se entra a ellas por una doble verja (para evitar escapes). Dentro, hay bancos a la sombra de los árboles para los dueños y mucho, mucho césped -perfectamente cuidado- para los perros, además de las papeleras con bolsas y fuentes de agua para que beban caninos y humanos. 

Pancho bebiendo un poco de agua

En la puerta de cada una de las zonas hay unas normas de uso y la medida que tiene que tener tu perro para poder entrar al parque de los grandes o los pequeños. Y, por último, dentro del parque hay 3 personas contratadas para estar pendientes de todas las áreas y evitar peleas entre perros o asegurarse de que los dueños recojan los excrementos. 

Pancho "midiéndose" antes de entrar

El área de lavado de perros consiste en varias zonas valladas, cada una con su manguera, en las cuales puedes bañar tú mismo a tu perro. Basta con traer el champú, un par de toallas y te llevas de allí a tu perro limpio y reluciente. 

Aseos y entrada a la zona de lavado de perros
Lavadero de perros
Me quedé fascinada con este lugar. Acostumbrada a los parques para perros de Madrid, escasos (que yo conozca, sólo están las zonas acotadas dentro del Juan Carlos I, la del parque de El Retiro y un área en el Manzanares, dentro de la ciudad) y tristemente pensados (cercados de madera que sólo evitan el escape de perros grandes, una sola fuente dentro del recinto, las bolsas suelen escasear en según qué zonas, el terreno siempre es de tierra que se embarra cada vez que llueve...), a mi este lugar me pareció el cielo canino. 

Y he visto que hay más de media docena de parques similares a este sólo en el condado de Miami-Dade. Así que Pancho va a tener suerte... y yo también. 

domingo, 27 de julio de 2014

No hay huevos

Dentro de la Humane Society of Greater Miami, hay un centro veterinario. Sus servicios se dividen en dos áreas: la parte dedicada a los perros que, posteriormente, serán adoptados y, por otra parte, existen unos servicios de bajo coste para las familias que ya tienen un perro y quieren gastar lo menos posible en el veterinario.

Cada vez que entra un perro o un gato nuevo en el refugio, pasa por el hospital. Se le examina, pasa por un periodo de cuarentena para evitar que contagie enfermedades al recinto donde están el resto de perros "adoptables" y, lo más importante de todo, se le castra o esteriliza. Hasta aquí, todo normal: la mayoría de los refugios y protectoras en España, a día de hoy, también hacen esto mismo.

La diferencia está en los particulares. Quiero decir, en la cantidad de particulares que llevan a sus perros y gatos a someterse a la cirugía necesaria para no poder criar con ellos. En la Humane Society, los precios son imbatibles: cobran unos 30 dólares por cada esterilización / castración de perro y tan sólo 15 dólares en el caso de los gatos.


Creo recordar que yo pagué unos 200 ó 300 euros por cada una de las esterilizaciones de mis perras (que es, aproximadamente, lo mismo que te cuesta aquí en una clínica privada), y entiendo que el coste de esta cirugía pueda suponer un freno para aquellos dueños que no estén 100% convencidos. De ahí que existan este tipo de campañas: evitando la excusa del alto coste, consigues que más dueños se animen a esterilizar a sus mascotas.
De esta manera, en una misma mañana se pueden operar a más de 50 perros y gatos en la Humane Society, contando con tan sólo 2 veterinarios.

Porque, aquí, la gente está mucho más concienciada de que la esterilización es la mejor opción. Según llevas a un cachorro por primera vez a la consulta del veterinario, ya te van informando de lo que te costará operarle, independientemente de que sea macho o hembra. Si no eres criador profesional, es la opción más responsable, evitando que tu perro genere más cachorros que puedan ser abandonados o, lo que es lo mismo, vendidos o regalados a familias que terminarán queriendo deshacerse de ellos en algún momento futuro.

No me sorprende que, en España, la esterilización de las perras esté ampliamente más aceptada que la castración de los machos. Aún quedan muchos pensamientos retrógrados de dueños que se resisten a castrar a sus machos porque "les amariconas" o "no se pueden realizar en la vida" o "son menos machos". No, los perros no se van a sentir más realizados cruzándose una vez en la vida: son animales y su necesidad de aparearse responde exclusivamente a su testosterona. Castrando a tu perro macho, evitas que se escape, evitas que marque compulsivamente territorio, que aúlle o sufra por no poder seguir el rastro de una hembra en celo… Evitas también -en muchos casos- peleas en el parque con otros machos, y puedes incluso evitar algunos casos de cáncer en el futuro.

Las hembras nos lo ponen más fácil a los humanos ya que, esterilizándolas, evitas el incómodo celo que todas las razas (salvo el Basenji) tienen dos veces al año, con sus correspondientes inconvenientes para sus dueños: no puedes sacarlas al parque porque todos tus vecinos perros se vuelven locos, manchan y pueden estar irascibles. Además, muchas hembras "adoptan" juguetes después del celo, creando en su mente una preñez psicológica por la que pueden caer en una profunda tristeza y producir incluso leche en sus mamas. Esterilizando a tu perra antes de que esto ocurra evitas, en gran medida, el cáncer de mama, que es el tipo de cáncer más común en perros.

En el caso de los machos, no está tan claro que la castración evite tantas enfermedades y, encima, no tienen ese celo que suponga una molestia a sus humanos. Pero es una cirugía muy sencilla que rara vez supone complicaciones: ganan las ventajas respecto a los inconvenientes. Y, sobre todo, aquí se hace habitualmente por pura responsabilidad, sin pensárselo tanto, sin "sufrir" -como en España- por el devenir de los testículos de tu perro como si fueran los tuyos propios.

No por tener un perro macho muy bonito de pura raza es buena idea cruzarlo. Insisto, como siempre: dejemos la crianza a los profesionales. A aquellos que estudian las líneas genéticas y valoran si es conveniente, o no, reproducir a un determinado macho con una determinada hembra. A aquellos que pretenden mejorar la raza y no, simplemente, generar más cachorros "para quedarse con uno" o "para vivir la experiencia" o "para regalárselo a mi prima". Y, si no vas a criar con él, asegúrate de que tu perro no vaya a escapar siguiendo el rastro de una hembra en celo y la liemos. No por castrar a tu perro eres mala persona. Al contrario, puede que -sin saberlo- aportes tu granito de arena a la eterna lucha contra la superpoblación y abandono de animales. Pero, para eso, hay que asumir que, castrando a tu macho, no vas a provocar en él ningún problema de identidad sexual, ni va a ser menos macho por ello.  Y, en muchos casos, son los dueños los que no tienen huevos.


domingo, 15 de junio de 2014

Mya

Llevo más de tres meses siendo voluntaria de un refugio cercano a mi casa llamado Humane Society of Greater Miami. Para poder llevar puesta mi camiseta de voluntaria, tuve que pasar un curso teórico de formación de tres horas y, semanas más tarde, un curso de formación práctico de otra hora más donde me presentaron a los perros que allí vivían, uno a uno.

Elegí esta asociación porque es lo más parecido posible a un albergue canino. No existe, según sus estatutos, la eutanasia como control de población pero, por tanto, no aceptan a todos los perros. Para poder entregar voluntariamente a tu perro, has de pedir cita y ellos deciden si se lo quedan o no. Si hay espacio, suele ser bienvenido. Si no tienen en ese momento espacio, dan al dueño un listado de otros posibles refugios para que pregunte allí.

Es muy triste ver cómo la gente da a sus perros. Una señora de unos 70 años, el otro día quiso dejar a su perrita temblorosa allí porque "ladraba mucho". Al advertirle de que tenía que haber pedido cita y que tendría que volver otro día, se lamentó porque "tenía decidido que ya no volviese a casa". Lo que le pasó aquel día a esa perrilla, nunca lo sabré.

A pesar de que en la Humane Society tratan a los perros muy bien, tienen sus habitaciones limpias, con aire acondicionado y comida abundante, no deja de ser un refugio de animales sin hogar. A lo largo de estos tres últimos meses, la rotación ha sido increíble; hay -por suerte- muchas adopciones cada semana y muy pocos perros de los que conocí al principio siguen estando allí, esperando a ser adoptados.

Estos perros a los que nadie quiere, terminan siendo los favoritos de los voluntarios que, como yo, intentan darles más cariño sabiendo que es difícil que una familia se encapriche de ellos ese día.

Yo tenía una clara favorita: Mya. Cruce de Pitbull con Bull Terrier de unos dos años de edad, esa perra era pura energía. Al verme, daba saltos de más de un metro de alto con las cuatro patas, como si tuviese muelles en las almohadillas. Sabía sentarse, tumbarse y te daba la patita. Derrochaba amor por los cuatro costados y yo la regañaba: "Mya, eres muy bestia, así no te van a adoptar". No era consciente de su fuerza y podía llegar a hacer daño cuando su único propósito era llegar a besarte una oreja.

Mya necesitaba, urgentemente, un jardín. Yo era una de las pocas voluntarias que se atrevía a sacarla de paseo: tiraba mucho y se enfrentaba a todos los perros que, tras los cristales, la ladraban. Llegar al recinto cerrado donde la podía soltar al aire libre era una pequeña odisea. Mya era una perra poderosa.

En el parque, cerrado sólo para ella porque se llevaba muy mal con otros perros, no paraba de correr, perseguir muñecos y traerme la pelota. Mya necesitaba correr y desfogarse. Cuando caminábamos de vuelta hacia su habitación, Mya iba ya tranquila, desahogada, sin tirar de la correa.

Ciro, un voluntario que lleva muchísimos años en el centro, me comentó un día que estaba intentando encontrar casa a Mya. Las necesidades eran muy específicas: tendría que ser una casa con jardín vallado, sin ningún otro perro en la familia y un dueño deportista que la hiciese correr. No era fácil, pero parece ser que Ciro tenía una familia candidata en Ocala (a unos 400 km de Miami) y estaba ya moviendo los papeles para el traslado.

Pero, la semana pasada, ocurrió algo terrible. Alguien sacó al parque a Mya pero dejó, por error, la entrada al recinto sin cerrar. Y, un rato después, otra voluntaria sacó a Gorda -un cruce de pastor- al recinto de al lado. Mya no lo pensó dos veces y salió disparada a atacar a Gorda, que se defendía como podía, pero Mya tenía todas las de ganar: mucho instinto, mucha fuerza y una gran mandíbula.

Las separaron antes de que hubiese graves consecuencias y las llevaron al veterinario. A Gorda, para curarle las heridas del cuello. A Mya, para ponerle la inyección letal.

Ciro, antes de que tomasen tan drástica decisión, intentó frenarles. Mya no había atacado jamás a un ser humano y el hecho de que atacase a otros perros no era nada nuevo. Muchos perros son agresivos con sus congéneres, sin que esto suponga un gran problema a la hora de ser adoptados. Y Mya estaba a punto de ir a una casa donde sería feliz.

Pero no pudo ser. La Dirección del centro tomó la decisión de matar a Mya. Muerto el perro, se acabó la rabia. Y a Ciro le dijeron que lo viese desde el lado positivo, que Mya ahora estará dando brincos en el cielo, libre, como ella quería.

Yo hubiese preferido que Mya diese brincos en Ocala.

Ciro les dijo que no volvería por el refugio, que le habían decepcionado. Pero luego pensó en los perros -en todos los que allí están ahora- y volvió a pasarse a ayudar el sábado por la mañana. Allí me lo encontré yo, que aún no sabía nada de todo esto y acababa de ver que Mya no estaba. Fui hacia él, feliz, a preguntarle si Mya ya vivía en Ocala.

Así es cómo me enteré yo de la cruda verdad... así, ahora soy consciente de que, incluso en un refugio de perros donde se les salva la vida y se les cuida tanto, pueden ocurrir estas cosas. Hay vidas de perro que no valen nada, que generan más gastos y más quebraderos de cabeza de los necesarios. Vidas de perro que importan poco en general o importan sólo a pocas personas.

A Ciro se le empañaban los ojos contándome esta historia.  Y yo, este fin de semana, echo mucho, mucho de menos acariciar a Mya.


lunes, 3 de marzo de 2014

"Bullying" contra el Pit Bull

El Pit Bull es una raza de perro de la que no es fácil escribir. Primero, porque su nombre es sinónimo de prejuicios. Es el "perro asesino", el "mataniños", el "perro de pelea". A mayor ignorancia sobre la raza, peores serán los adjetivos.

Pero, escribiendo sobre el Pit Bull, también corro un riesgo mayor: que, digas lo que digas, aparecerá el ataque directo de los acérrimos defensores de la raza. Su perro favorito ha sido atacado durante los últimos quince años, lo que provoca que muchos hayan llegado al estado paranoide que lleva a defender lo indefendible: "Pit Bull ataca a bebé de seis meses"  = "Algo habrá hecho el niño". 

Sí, hablar del Pit Bull es tan controvertido en las redes como hablar de la lactancia materna o del Islam. Y, como en toda polémica online, el verdadero protagonista es el desconocimiento sobre lo que se está hablando. 

Para empezar, el Pit Bull es una raza que, para muchos, no existe. No está reconocida por la Federación Cinológica Internacional, ni por el American Kennel Club. Para ellos, las razas que sí existen son el American Staffordshire Terrier y el Staffordshire Bull Terrier. Siento decepcionar a los entendidos, pero reconozco que yo no siempre sé diferenciar uno de otro cuando los veo -los veía- en el parque. Ante la duda, prefiero preguntar al dueño, para evitar que se me enfaden. A estos perros y a sus cruces y variantes, el españolito medio los llama Pit Bull. 

Staffordshire Bull Terrier

American Staffordshire Terrier
Sin embargo, el Pit Bull, el verdadero Pit Bull, es el Americano: American Pit Bull Terrier (APBT). Tiene su propio estándar, pero -como no está reconocido por las principales entidades- no participa en sus concursos de belleza. Ni falta que les hace, porque el Pit Bull defiende un estándar, a través de su Asociación de Criadores (A.D.B.A), que da más valor al comportamiento, personalidad y capacidad de trabajo, que a la estética en sí misma. 
APBT - American Pit Bull Terrier

Hay muchas, muchas teorías sobre el origen de la raza American Pit Bull Terrier. El Presidente de la Federación Internacional del APBT, Mariano Peinado, sostiene que este perro es la evolución de los Alanos Españoles que llegaron en los barcos cuando se colonizó América. También se dice que la raza procede de la llegada de perros de Gran Bretaña, en su mayoría Bulldogs (nada que ver con el Bulldog Inglés de hoy en día, me refiero a los Bulldogs de antes... los que podían respirar). La verdad es que hay varias versiones de sus orígenes pero nadie debate sobre eso. Lo que todo el mundo conoce del pasado de este perro es que se usaba para pelear. 

Alano Español de la actualidad

Desde los romanos -que, en mi opinión, se caracterizaron por ser un pelín sádicos- las peleas entre animales han sido siempre un espectáculo. Eran un pueblo curioso: "vamos a ver qué pasa si metemos a un perro y un toro en el coliseum"... "vamos a ver quién gana, si el león o el preso"....
En Inglaterra, también quisieron entretenerse viendo cómo se peleaban osos y jabalíes contra perros. En Londres, se puso de moda atar por los cuartos traseros a osos y a toros y soltar a Bulldogs que les atacaban y, en muchos casos, perdían la vida en ello. Esto era legal, igual que lo es a día de hoy una corrida de toros o un encierro. 

Los ingleses, en el siglo XVIII, llegaron a la conclusión de que ver volar a perros a las gradas por cornadas de toros no era tan divertido como les pareció en un primer momento. Pero eso no significó que no siguieran haciéndose peleas de perros en la clandestinidad. 
Pero no sólo los romanos y los ingleses dedicaron tiempo, y dinero, a este "hobby". En México, Argentina, Pakistán, España, China, Japón, Holanda, y en los territorios de la antigua Unión Soviética y el Cáucaso, existe una gran tradición en cuanto a peleas de perros. Rusia no las prohibió por ley hasta 2001, por lo que este pasado para muchos perros, no es tan lejano. 

¿Y sólo peleaban Pit Bull? Por supuesto que no. El Rottweiler, el Dogo Argentino, el Sharpei, el Mastín Napolitano, el Mastín Español, el Tosa Inu y muchas otras razas -incluso aquellas que no tienen ni tuvieron nunca cualidades para pelear- se han metido en un ring y animado a matarse contra sus congéneres. 

Pero el Pit Bull, que ya había demostrado su valía para sacar carbón de las minas, para matar ratas y para caza mayor, entre otros trabajos que se le encomendaban allá por el siglo XIX, demostró ser un excelente perro de pelea. Resistente, persistente, fuerte, fiel a su dueño, obediente, inteligente. Y eso provocó que el ser humano lo corrompiera, lo utilizara contra su naturaleza, lo animara a pelear hasta matarse. Con esto, quiero decir que el APBT no fue un perro creado para pelear. Era un perro que ya existía de antes, y algunas líneas de cría fueron, durante años, tristemente potenciadas para ser más resistentes, más fuertes, más agresivas de lo normal. 

A día de hoy, el APBT es un perro que, como he dicho, no se juzga por su belleza, aunque hay un estándar que se debe seguir para mantener la raza. Se juzga su "gameness" que se podría traducir como "coraje". Y aquí es donde el camino se bifurca: los buenos Criadores de APBT buscan que sus perros tengan coraje para desarrollar toda aquella actividad que su dueño le ordene, independientemente de su dificultad. Y, como ejemplo, podríamos poner pruebas de agilidad, cacería de jabalíes, rescate de personas, etc. Para los que no aman a los animales y se siguen dedicando a promover que su perro se mate matando, el gameness es la capacidad para aguantar en una pelea hasta morir. 

¿Y por qué os cuento todo esto? Yo no soy ni defensora ni retractora de esta raza. Ni del American Staffordshire ni del Staffordshire Terrier, que tanto se le parecen. No es un perro que yo me compraría, al igual que no tengo especial interés en tener un Husky Siberiano o, qué se yo, un Chow Chow. Pero me gustan todos los perros, en general, y he conocido algunos ejemplares de todas estas razas simplemente geniales. Sin embargo, las estadísticas -que son sólo estadísticas- nos dicen que, desde hace siete años, el APBT tiene el dudoso honor de estar el primero de la lista en número de ataques mortales denunciados en Estados Unidos. 


Los números están ahí, pero Wikipedia te da la descripción detallada de todos los casos, y la mayoría de las historias son tristemente previsibles. Perros atados permanentemente a una cadena que atacan al primer ser humano que se acerca. Bebés que gatean hasta una madre protectora con sus cachorros. niños que quisieron jugar a "cabalgar" sobre el Pit Bull de su tía. No quiero decir que sea "normal" que el Pit Bull haya matado al niño en estas circunstancias, lo que quiero decir es que son situaciones en las que un perro, cualquier perro, si no es un animal equilibrado, puede llegar a atacar. 

He estado pensando mucho en los pobres Pit Bull porque esta semana me he enterado de que en el condado donde yo vivo -Miami Dade, FL- no me permitirían tener uno en caso de quererlo, está penado por ley. Si tienes uno -o cualquiera de sus "primos"- y te denuncia tu vecino, te ponen una multa de 500 dólares, te dan 24 horas para deshacerte del perro (o mudarte tú a otro condado) y al vecino se le otorga una recompensa. Esto ha provocado una "caza de brujas" contra esta raza y una total demonización de la misma. Para quien es ignorante, si la ley ampara esta ignorancia, apaga y vámonos. He leído que incluso Obama condena esta legislación racista, pero la prohibición data de 1989 y no hay, por el momento, vuelta atrás, lo cual me parece una lacra de esta sociedad. 

En España, la ley contra las Razas Potencialmente Peligrosas ya me parece injusta: generalizar nunca es la mejor opción y, ante el miedo que pueda existir a estos perros "poderosos", yo como mucho obligaría a tener un seguro que cubra posibles daños a terceros. Lo que pueda hacer un animal, depende tanto -o más- de su dueño como de sus propios factores genéticos. Rottweiler perfectamente adiestrado Vs Pastor Alemán descontrolado, ¿quién entraña un peligro peor?

El Pit Bull es un perro de plastilina: puedes moldearlo y hacer de él lo que quieras que sea. Si lo educas para cazar, será un cazador incansable. Si lo educas para que sea un perro familiar, demostrará una paciencia infinita con los niños. Si lo educas para proteger tu casa, la defenderá con su vida. Si lo educas para hacerte compañía, será tu amigo fiel que no se moverá de tu lado. No todos los perros tienen esa plasticidad, pero el APBT es un perro todoterreno.

Pero claro, volvemos a lo de siempre: Para todo eso, hay que educarlo. 

Imagen sacada de www.fiapbt.net





jueves, 13 de febrero de 2014

Robados

Hace unos ocho meses, escribí, en este mismo blog, un post llamado Con "C" mayúscula. No sé si lo recordaréis, la "C" era para aquellos criadores que conocí en la Expo Internacional Canina de Madrid, esas personas que dedican su vida entera al mantenimiento y mejora de determinadas razas de perro que, si no fuese por ellos, se extinguirían. Ese post lo dediqué a aquellas personas porque gracias a ellas, mi sobrino pequeñajo pudo dar de comer una galleta a un Perro Lobo Checoslovaco (el "lobo-perro", como lo llama él) o acariciar a un Gran Danés dos palmos más alto que él.

Entre esos Criadores de corazón, estaba Carlos, que cría Mastín Español con el afijo Valle del Pisueña, en Santander. También hablaba de él en mi post. Y, hoy, Carlos me ha pedido que vuelva a escribir sobre él en mi blog, pero por una razón muy diferente.

La semana pasada, algún indeseable se coló en su finca, a pesar de tener una valla de 2 metros de alto, y se llevó a dos de sus cachorros de 8 meses, un macho y una hembra: "Tigrín" y "Tigrina".

Tigrín y Tigrina, los cachorros robados

¿Y quien puede querer robar una pareja de Mastines? pues sólo hay dos opciones: o un ladrón caprichoso de esta raza que no está dispuesto a pagar los 1.200 euros que cuesta cada cachorro, o bien un pseudocriador que conoce este afijo y sabe que esos cachorros son una buena forma (y rentable) de empezar a criar.  Carlos sospecha que quien se los ha robado, pretende hacer negocio con ellos.

En Mayo, Carlos me impresionó por la honestidad que reflejaba cuando me decía que él no vendía a cualquiera uno de sus perros. Él tenía que comprobar personalmente que el perro estaría bien atendido y tendría el espacio que necesitaba. Imaginad su angustia ahora, al no saber dónde se encuentran sus cachorros, ni cómo estarán, ni quién los tendrá, ni si estarán juntos o separados.

Lo ha denunciado a la policía, por supuesto. Y también ha dado aviso al aeropuerto, a MRW, al Colegio de Veterinarios, lo ha publicado en redes sociales, me ha avisado a mi... los cachorros tenían chip, así que -en caso de quedarse en España- en el momento en el que los llevasen al veterinario, debería delatarse al ladrón.

No es la primera vez que le pasa. Hace cuatro años, también sufrió otro robo. Y en la Exposición hablé con una familia que, a modo de hobby, criaban Caniches gigantes. Habían estado muchos años sin hacerlo porque ellos antes criaban Pomerania pero, un buen día, les robaron a sus perros en el patio de su casa. Y se les quitaron las ganas de criar durante bastante tiempo. Tiene que ser muy frustrante, no sólo te están robando el fruto de tu esfuerzo, de tus madrugones, de tu estudio, de tus viajes por carretera. No sólo te están robando algo que, además, tiene un valor en el mercado. Es que te están robando el corazón, seres vivos que son tuyos, que te quieren y los quieres y que forman parte de tu familia.

Carlos lanzó el otro día un mensaje en Facebook que lo resume todo: "Por favor, si alguien los ve o el que me los robó tiene un poco de corazón, que me los devuelva por mi hijo, que tiene 7 años y fue él quien los crió. Y, desde que los robaron, no tenemos consuelo para él. "

Dicho está, Carlos. Ojalá los recuperes... estoy segura de que están mejor en tu casa que en ningún otro lugar.


martes, 4 de febrero de 2014

¿Os gusta el blog?

Hola a todos,

Esta vez escribo para contaros que he escrito Ladrando al Mundo en el Concurso de Blogs de 20 Minutos 2014.

Si os gusta leerlo, os agradecería que lo votáseis y difundiéseis entre vuestros amigos... el premio va  en función de los votos conseguidos a través de redes sociales y contactos. Y, aunque está muy difícil, nada es imposible :)

Os dejo el link... tenéis que registraros y, después, votar!

Mil gracias por adelantado!

http://lablogoteca.20minutos.es/ladrando-al-mundo-42460/0/